San Cayetano: religiosidad popular y movimiento obrero

Por: Manuel Martínez | 02 de agosto de 2017

El 7 de agosto se dará por segundo año consecutivo una gran movilización de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular. En 1981, hace 36 años, se iniciaba la búsqueda para que el movimiento obrero se relacionara con la religiosidad popular como parte de la resistencia a la dictadura genocida.

Diversas miradas sobre el enfrentamiento del movimiento obrero a la última dictadura ponen el acento en tres acontecimientos centrales: el primer paro nacional del 25 de abril de 1979, la marcha a San Cayetano del 7 de noviembre de 1981 y la jornada del 30 de marzo de 1982 en vísperas de la guerra de Malvinas. Sin duda, estos tres hitos fueron fundamentales y mostraron una importante recuperación de la lucha de la clase trabajadora después del golpe de Estado de marzo de 1976.

El paro de abril de 1979, aunque sólo se hizo sentir principalmente en el gran Buenos Aires, fue sin duda la primera expresión de un gran sector de la sociedad argentina contra el régimen imperante desde 1976. Tres años después de que se instalara la peor dictadura militar y de las corporaciones económico-financieras, emergía desafiante esa reacción obrera y popular. Fue respondida con represión y numerosas detenciones. No cambió los planes de la dictadura, pero fue hecho y síntoma de lo que venía sucediendo en el movimiento obrero y marcó positivamente un punto de inflexión. Es necesario señalar, sin embargo, que, antes de aquel primer paro, hubo una acumulación de fuerzas que se fue gestando en múltiples acciones de resistencia atomizadas en el marco de la brutal represión y del genocidio orquestado por la dictadura. Es muy importante señalar esto porque aquella primera acción masiva de lucha no irrumpió de la noche a la mañana, tampoco por la sola decisión de un sector de la dirigencia sindical. Fue, efectivamente, un salto pero pudo lograrse gracias a que por abajo, con la CGT y los sindicatos intervenidos por los militares, con la prohibición del derecho de huelga y de toda actividad sindical, siempre hubo una heroica resistencia, desde el primer día del golpe, casi como continuidad de la acción de aquella “guerrilla industrial” denunciada por el establishment desde un año antes. No por casualidad, dentro de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas, según la CONADEP, el 30,2% eran obreros; el 17,9%, empleados; el 5,7%, docentes; y el 21%, estudiantes (uno de cada tres trabajaba).

Esta acumulación de fuerzas previa al primer paro de 1979 presionó y dio lugar a la división de la dirigencia sindical. El sector que luego se constituiría como CGT-Azopardo, encabezado por Jorge Alberto Triaca –digamos de paso, años después ministro de Trabajo de Menem y padre del actual ministro de Trabajo– tenía como estrategia el diálogo con la dictadura. El sector antidialoguista, que propiciaba la confrontación, estaba nucleado en la Comisión de los 25 y luego se constituiría en la CGT-Brasil junto con las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas. Estaba liderado por Saúl Ubaldini, principal referente de las tres masivas acciones de lucha que señalamos al principio. En su declaración de noviembre de 1980 expresaba: “ha llegado la hora histórica en que nos encontramos nuevamente reunidos hacia el logro de un solo objetivo, la vigencia plena de la Confederación General del Trabajo”. Reclamaban la garantía de los derechos sindicales, la libertad de los presos políticos y el retorno a la democracia.

 

7 de noviembre de 1981

Si bien la festividad religiosa católica de San Cayetano, patrono del trabajo, se celebra anualmente el 7 de agosto, se lo evoca también todos los días 7 de cada mes. Fue así que el sector de los 25, con Ubaldini a la cabeza, convocó a un nuevo paro general para el 7 de noviembre de 1981. El sector de Triaca se negó a participar. Ese día, desde muy temprano, se calcula que 10.000 trabajadores y trabajadoras se congregaron en los alrededores de la iglesia de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”. Fue, sin duda, una inédita convocatoria. Teniendo en cuenta que en 1955, cuando Perón fue derrocado, los golpistas tenían como consigna “Cristo Vence”, dando cuenta de una trágica identificación de las clases altas y medias en contra de la clase trabajadora, por primera vez, con decisión política, el sector combativo del movimiento obrero buscaba identificarse con la religiosidad popular. La noticia circuló más allá de nuestras fronteras y golpeó duramente a la dictadura, pero también a la jerarquía eclesiástica que colaboraba con ella. Se había producido, efectivamente, un hecho inédito: la clase trabajadora se manifestaba reclamando sus derechos en un espacio de religiosidad popular y empalmaba con los mejores sentimientos cristianos que contradecían a esa otra proclamada cristiandad opuesta a la vida digna de las clases subalternas.

El 30 de marzo de 1982, después de aquel primer San Cayetano obrero, el descontento popular con la dictadura dio lugar al paro nacional realizado el 30 de marzo de 1982 con la misma consigna: “Paz, Pan y Trabajo”. El agregado: “la dictadura abajo”. Fue la expresión más importante de la lucha de la clase trabajadora de aquel período nefasto. Se calcula que 50.000 trabajadores y trabajadoras, en su mayoría jóvenes, llegaron hasta Plaza de Mayo en la Capital Federal. Se había perdido el miedo. En las calles se estaba anunciando el colapso de un régimen que se había mostrado fuerte y que, por entonces, evidenciaba una debilidad inmensa: contradicciones internas y galopante crisis económica. Ninguna amenaza de la dictadura impidió que durante seis largas horas se produjeran enfrentamientos en el centro de Buenos Aires. La convocatoria tuvo repercusiones en Mendoza, Neuquén, Rosario, Mar del Plata, etc. Hubo cerca de 3.000 detenidos. La acumulación de fuerzas, iniciada en la resistencia desde el mismo día del golpe, seguida con el primer paro de abril de 1979 y con el primer San Cayetano de noviembre de 1981, llegaba a un punto muy alto. El inicio de la guerra de Malvinas, conocido dos días después de aquel 30 de marzo, modificó completamente el escenario político y social.

Ahora, brevemente entrado el siglo XXI, la cita de San Cayetano sigue expresando demandas similares. En 2016, bajo la consigna “Tierra, Techo y Trabajo”, una gran movilización recorrió las calles de la CABA desde Liniers hasta Plaza de Mayo. Sus contingentes eran diferentes a los de la clase trabajadora de los años setenta y ochenta: fueron sectores de la economía popular los más golpeados por el neoliberalismo. Este año, para el 7 de agosto, una nueva convocatoria expresará la continuidad de las pulsiones de la protesta popular.

Temas de la nota: