Se abre la grieta, se resquebraja la CGT

Por: Facundo Doval | 23 de agosto de 2017

El pasado 22 de agosto, cientos de miles de trabajadores y trabajadoras volvieron a llenar la Plaza de Mayo convocados por la CGT. También las CTA y la CTEP fueron de la partida. ¿Se reagrupan los sectores combativos del movimiento obrero?

Ni bien se conocieron los resultados de las PASO del domingo 13 de agosto, los debates volvieron a recrudecer al interior de la CGT. ¿Había o no que realizar la movilización a Plaza de Mayo resuelta para el 22 del corriente, como se había definido días atrás? Si bien la misma había sido establecida en un plenario de secretarios generales, una de las instancias orgánicas máximas que tiene la CGT, los sectores más dialoguistas y condescendientes con el gobierno buscaron debilitar (hasta querer levantar) dicha convocatoria al plantear que el respaldo en las urnas a Cambiemos había sido contundente y que, por ende, había que reevaluar un plan de acción. Sin dudas no era una movilización más, y los llamados “gordos” tomaron nota de esto. A diferencia de las anteriores, esta era convocada a Plaza de Mayo, un lugar ineludible para darle un mensaje al gobierno nacional, por más blando que pueda ser un discurso; y, encima, estando de cara a las elecciones definitivas de octubre en las que el gobierno nacional busca un avance que puede ser determinante.

En sentido opuesto, los sectores que integran la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) que encabeza Sergio Palazzo, y los ligados al moyanismo donde Camioneros es sin dudas el sindicato más saliente a nivel poder de convocatoria, sostuvieron la necesidad de realizar esta movilización y presionaron públicamente para la misma, entendiendo que nada del contexto económico había cambiado en favor de los trabajadores y que nada puede esperarse de este gobierno a futuro. El planteo fue totalmente compartido por las dos CTA y la CTEP, actores que en este más de año y medio de Cambiemos en el gobierno nunca titubearon a la hora de manifestarse en las calles.

La movilización del 22 de agosto, aunque debilitada por la grieta interna que cruza a la CGT, se abrió lugar con más de 250 mil trabajadores y trabajadoras según anunciaron los organizadores. Bien acostumbrados quizás, nos podemos dar el lujo de decir que no fue la más numerosa de este año y medio; pero a no equivocarse con desestimarla. Fue una movilización importante en un momento político bisagra del país, que volvió a dar un paso más hacia reagrupar a distintos sectores de laburantes que se plantean abiertamente enfrentar al neoliberalismo que propone Cambiemos sin especular. ¿Siguió teniendo sectores titubeantes y condescendientes? Sí, los tuvo, pero obligados a tener cada vez más un perfil más bajo, y tironeados por no sacar los pies del plato de lo que definen las instancias orgánicas.

Lógicamente que se pone en cuestión la unidad de la CGT hacia fin de año, tras ver estas idas y vueltas en la previa, analizando el desgaste ya inocultable del triunvirato que no dirige ni representa a sectores enteros, y hasta tomando lista de quiénes estuvieron y quiénes no en el acto; quiénes en el palco y quiénes abajo; quiénes movilizaron todo, quiénes apenas para cumplir y quiénes almorzaron con Triaca mirando la movilización por TV. Pero, fundamentalmente, cabe analizarlo desde un plano más político general que está atravesando el país, en el que esa unidad ya es imposible de pensar, como fue hace un año en aquella impresionante convocatoria en el monumento al trabajo un 29 de abril. A diferencia de aquella fecha, en la actualidad ya es evidente que cada medida de este gobierno es antipopular, y con la reforma laboral y previsional en el horizonte cercano, la grieta se abre cada vez más. Ya no alcanza con “documentos críticos” como los que se vienen sacando, ni con movilizaciones masivas sin remate de paro nacional como se pide. La coyuntura termina empujando a determinados sectores que encabezan la CGT a tener que plantear un plan de lucha más acorde a las necesidades de los laburantes. Para ser claros, con paro general, como vienen planteando desde un comienzo la CFT, las CTA y CTEP.

Sabor a poco

Lo anunciado en la movilización por Juan Carlos Schmid, que fue la convocatoria a un “Comité Confederado de la CGT para dentro de un mes en el que se discuta un plan de lucha que incluya un paro nacional”, vuelve a dejar sabor a poco debido a que debe ser el paro más pedido y solicitado por tantos sectores que no termina de concretarse. Tuvo que pasar el marzo caliente, el 6 de abril que desbordó a la propia CGT, la Escuela Itinerante de la CTERA girando por el país, los despidos y represión en Pepsico y, sin embargo, todavía no alcanza.

Se abre así otro mes de disputas al interior de la CGT, un mes en el que se conocerá el resultado electoral de provincia de Buenos Aires, un mes de preparación de campaña electoral hacia la elección definitiva de octubre, una reforma laboral que se acerca y un panorama económico que no aparenta levantar vuelo. En definitiva, otro mes con la grieta a flor de piel en la sociedad argentina. ¿Podrán darse el lujo algunos sectores de postergar el paro para después de las elecciones? Esa quizás sea la puja. Lo que es difícil de pensar es que el resquebrajamiento de la CGT no continúe y que, consecuentemente, cada vez más los sectores se vayan ubicando de un lado u otro de la grieta. ¿Vamos hacia una ruptura? Más allá de las idas y vueltas de los dirigentes, lo más progresivo es decidirse a seguir dando pasos en el reagrupamiento de los sectores que buscan enfrentar a un gobierno de empresarios como es este.

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