Si ganan los docentes, gana la clase trabajadora

Por: Matías Andrada y Melisa Suárez | 12 de abril de 2017

El conflicto docente se mantiene en el centro de la escena y, en fuerte tensión con el gobierno nacional, alcanza niveles políticos que exceden lo salarial. Una mirada desde Córdoba de una lucha emblemática de este momento político.  

El “espontáneo” voluntariado urdido en las redes sociales por el gobierno de Cambiemos, junto a la triste frase del presidente haciendo referencia a quienes “caen” en la escuela pública, es parte de la campaña nacional de desprestigio a la docencia, con la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, a la cabeza. A ello se suma la proyección mediática de que el conflicto está atravesado por la dicotomía “Macri vs kirchnerismo” representado en la figura de Baradel que busca deslegitimar la lucha docente a nivel nacional, corriendo el eje de lo salarial al plano de la disputa política.

Desde el discurso oficial se cuestiona integralmente el rol docente acudiendo al sentido común, a la “vocación”, que desconoce la profesionalización sobre la que se viene avanzando desde hace décadas. En este debate, el gobierno desconoce también las horas en negro del trabajo docente, el tiempo utilizado en el hogar para corregir, planificar y evaluar, que se le suma a las horas de trabajo en el aula. Todo esto apunta a justificar los magros salarios, siendo el inicial de docente primaria, en provincias como Buenos Aires o Córdoba, apenas superior a 10 mil pesos, mientras que la canasta básica ronda los 13 mil.

También desconocen la complejidad multidimensional que implica la tarea educativa, que se agudiza cuando es desempeñada en los contextos más vulnerables, en el que son los docentes los agentes estatales más cercanos, que atienden y dan respuestas a las demandas y necesidades de los sectores más desfavorecidos de la Argentina.

Pese a toda la campaña mediática, la estrategia oficialista encontró fuertes signos y actos de resistencia tanto en la docencia como en la población que no termina de comprar la “píldora” mediática. La docencia supo (y sabe) encontrar formas de lo más originales para dar la batalla simbólica y la arremetida mediática; como así también mostró gran predisposición para la movilización y el desarrollo de diversas actividades en espacios públicos a lo largo y lo ancho del país durante el marzo caliente e iniciando abril acompañando el paro general del 6A en iguales condiciones.

Deuda vieja, docencia activa y combativa

La conducción del sindicato docente UEPC (Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba) se encuentra deslegitimada y cuestionada por sus bases. La agrupación Celeste con Juan Monserrat a la cabeza como secretario general presenta un accionar y un discurso encendido para con el gobierno nacional, pero localmente es “socia” de la patronal que enfrenta.

El actual ministro de Educación, Walter Grahovac, ex secretario general del sindicato y proveniente de sus filas, es también parte de la actual gestión de Juan Schiaretti, quien está alineado con el gobierno nacional y a la espera de la resolución del conflicto por parte del mismo. Si bien ha salido a diferenciarse del macrismo la última semana, mediante el reclamo de una cuota más gruesa de la coparticipación, castiga con descuentos a los docentes (que superaron en marzo los 4 mil pesos) y niega el aumento salarial, mientras que, en paralelo, se aumentó la dieta de legisladores elevando a 128 mil pesos el monto bruto.

Presionada por las bases, desde el año pasado, la conducción de UEPC mostró fisuras en su propia conformación, teniendo este año que diferenciarse al llamar “desmemoriado” a Grahovac, quien no cumple las actas salariales de 2015 que establecía como compensación un monto remunerativo equivalente al 25% del valor vigente para cada cargo. A esta demanda se suma en Córdoba el reclamo por la Ley 10.333 aprobada “entre gallos y medianoche” en diciembre de 2015, luego del triunfo de Cambiemos, que impactó en la baja de un 11% del salario de todos los estatales provinciales pasivos.

Ante la inacción de la conducción gremial, crece un activo docente que rápidamente se identifica con las listas opositoras. Entre los sectores más dinámicos del gremio, que cuestionan a la conducción y promueven acciones gremiales más radicales, se encuentra el espacio Pluricolor que está integrado por una amplia gama de manifestaciones e identidades político-partidarias que van desde el trotskismo a expresiones asociadas al kirchnerismo. Esta oposición crece en sus columnas y en su capacidad de representación, y ha tenido la madurez para contener en sus filas las disímiles expresiones y dirimirse en la identificación de un enemigo común: en primera instancia, el gobierno de Juan Schiaretti y, en segundo lugar, la dirigencia cómplice.

El fenómeno con sabor a Peperina

Mientras el gobierno de Cambiemos busca una demostración de fuerza y de disciplinamiento para el resto de las y los trabajadores, la docencia cordobesa, acorralada por los descuentos en este contexto inflacionario, desarrolló una estrategia de carácter solidario mediante la organización de diversas actividades para generar fondos de huelga, en conjunto con la comunidad educativa. Instituciones públicas y privadas de distintos niveles realizaron durante marzo y abril festivales, ferias de platos, kermeses y ventas ambulantes para recolectar dinero. En este contexto, una victoria de la docencia implicaría una victoria del campo popular. Pero el macrismo no parece dispuesto a ceder y entre el #1A y la construcción mediática de que hubo un fuerte rechazo al paro general (aunque su éxito concreto es indisimulable), se siente envalentonado para derrotarnos apelando a todos los métodos posibles. Así se inscribe la represión del domingo a los y las docentes que intentaban instalar una escuela itinerante en el Congreso de la Nación. Frente a esos ataques cada vez más explícitos, la mayor unidad es el único camino para desafiar la virulencia de un poder embravecido.

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