Suplemento especial: Debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 06 de septiembre de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

 

Inventamos o erramos. Coordenadas estratégicas para las tareas de la etapa.

Por Denise Brikman y Mariano “Nano” Gonzalez King

El último triunfo de Cambiemos nos confirma que no estamos únicamente frente a un error de cálculos electorales o discursos políticos, sino ante el corrimiento regresivo generalizado del sistema político. “Una oleada de restauración de opciones de signo conservador”, como definió Iñigo Errejón.

En este marco, aportamos al debate algunos elementos para pensar las tareas en la etapa en curso, reflexionando sobre nuestra estructuración social y política, y nuestra apuesta de unidad para derrotar al macrismo.

Frentes amplios y el asunto de la nueva mayoría

Sostenemos que el modo de derrotar la ofensiva neoliberal del gobierno de Cambiemos demanda la construcción de un frente antineoliberal que logre aglutinar distintas experiencias políticas. Esta estrategia implica reconocer al kirchnerismo como actor central pero también que su proyecto, estructura e identidad son insuficientes.

Analizamos las maneras de “empalmar con el kirchnerismo” a partir de dos dimensiones: las organizaciones que lo constituyen y su base social en términos amplios. En relación a sus organizaciones, vemos al kirchnerismo como fenómeno heterogéneo, por ello debemos dialogar y traccionar a determinados sectores y disputar con otros. Podemos construir espacios comunes, incluso frentes electorales, para tender puentes con aquellos que al igual que nosotros pelean por una sociedad mejor, siendo conscientes de nuestra propia fuerza y analizando dónde y cómo podemos expresar mejor nuestros acuerdos y desacuerdos. Por otro lado, para dialogar con la base social es necesario construir discursos propios que interpelen la subjetividad kirchnerista y, a la vez, propongan nuevos caminos. Como decía Linera, “una lucha política es una lucha por el sentido común, por las ideas fuerza, por las ideas y fuerza que pueden movilizar la esperanza de la gente”. En este sentido, tenemos como tarea contactar con ese sentido común, para desafiarlo y desarrollar una perspectiva superadora.

Esta vocación para construir movimientos de masas excede una táctica para derrotar al macrismo, da cuenta de nuestra estrategia de poder, que tenga como horizonte un proceso de cambio profundo en Argentina. En ambos sentidos, nuestra organización, por su recorrido, identidad y capacidad de diálogo con distintas tradiciones políticas, ¿no tiene la potencialidad de jugar un rol aglutinador que otras organizaciones no podrían?

La discusión que debemos darnos no puede reducirse a determinada táctica electoral, sino a nuestra ubicación en el mapa político. ¿Qué rol queremos jugar en los próximos años? ¿Debemos construir una estrategia propia o plegarnos a las existentes? ¿Cuál es el mejor aporte que puede hacer nuestra organización al campo popular?

Algunas premisas para pensar nuestro desarrollo político

Tenemos la tarea de abonar a la construcción de un movimiento de masas, que logre que los pensamientos de ruptura con el sistema capitalista no sean patrimonio de un grupo de iluminados, sino que puedan difuminarse por la sociedad. Construir una izquierda de masas debe superar dos peligros: el de una política sectaria, desligada de la realidad de nuestro pueblo, y el de reducir nuestro planteo político únicamente a contactar con los sentidos existentes en un determinado momento. En esta tensión, es posible que sea interesante leer la dinámica del movimiento feminista, su capacidad de construir masividad sin perder radicalidad, y entender las complejidades y contradicciones que conlleva hacer un planteo de cambio profundo de un sistema político, económico y social en un marco de masividad y movilización que excede sus límites organizacionales.

Un punto fundamental para nuestro desarrollo político ha sido siempre el vínculo entre la política de inserción y estructuración social y la disputa institucional. Estos últimos meses confirmaron que nuestra mayor capacidad de daño está en las calles, como también que son los propios ajustados y ajustadas por el macrismo quienes muchas veces los votan. No debemos pensar la inserción social como mero engorde para una propuesta político electoral, sino valorando la construcción de nuevos sentidos comunes contrahegemónicos y procesos organizativos capaces de marcarle los límites al macrismo. Nuestra estructuración social es también nuestro mayor aporte en términos de poder construir representación, convocar, y darle fuerza y sustento a nuestra propuesta política.

No queremos plantear que estas resistencias automáticamente podrán expresar un proyecto político alternativo. Sino que la posibilidad de articular estas peleas genera mejores condiciones para hacerlo, al tiempo que golpea la legitimidad del gobierno. Ni solo construir la alternativa, pensando que lo superestructural es independiente de la lucha de clases, ni solo resistir en unidad, pensando que la expresión de ello en un proyecto político se dará de forma automática. Es necesario pensar que se requiere de un proceso profundo, con capacidad de aglutinar y dialogar con una parte mayoritaria de la población, que no puede agotarse en el diálogo con el kirchnerismo. Debemos construir una nueva mayoría social que contenga las experiencias pasadas pero que logre hacer emerger una alternativa política que supere los proyectos preexistentes. Lamentablemente, ese proceso nos llevará más tiempo que el que nos gustaría. En el camino tenemos la responsabilidad histórica de mantener firmes nuestras convicciones y horizontes estratégicos, tener visiones no sectarias pero tambien posibilidad de autonomía y no tratar de construir recetas mágicas que posiblemente nos den mayor seguridad pero que nos resten potencialidad. En esta nueva etapa, nuestra tarea debe ser hacer existir el espacio de la izquierda popular, que pueda tener la capacidad de llevar a cabo un proceso que exceda lo que hemos podido hacer como campo popular hasta ahora. Es necesario construir una alternativa que permita derrotar al macrismo pero que, a su vez, sea capaz de hacer emerger un proyecto político nuevo. Resistir en unidad, construir la alternativa, esa sigue siendo la tarea de la etapa.

 

Un aporte para cabalgar diferencias

Por Manuel Martínez, Vicente Candellero y Agostina Torres.

“Nuestra experiencia nos ha enseñado que, sobre todas las cosas, debemos ser pacientes, perseverantes y decididos. A veces, pasan meses sin que nada aparente suceda. Pero si se trabaja con ejercicio de estas tres cualidades, la tarea siempre ha de fructificar, en una semana, en un mes, o en un año. Nada debe desalentarnos. Nada debe dividirnos. Nada debe desesperarnos.”,
Agustín Tosco

Nuestros debates se encuentran atravesados por una dicotomía que, a nuestro entender, solo tienen sentido en un plano abstracto y enunciativo, pero que no contribuye a clarificar nuestras diferencias en el plano de nuestras definiciones y orientaciones concretas de articulación política. Dicha disyuntiva parte de concebir a la autoconstrucción, entendiendo a esta como el crecimiento y el fortalecimiento de la identidad política de la izquierda popular, como tarea antagónica a la construcción de un bloque de masas en el mayor marco de unidad posible. Se nos presenta entonces como si tuviésemos que optar entre dos caminos: o fortalecer articulaciones políticas con el kirchnerismo o sostener nuestro crecimiento político propio en articulación con organizaciones de izquierda popular. Esto se materializa en los siguientes enunciados: la estrategia de Patria Grande tiene que centrarse en la “construcción de la izquierda popular” o bien en una “integración al campo nacional y popular”.

Nuestra intención tiene que ver con contribuir a clarificar un debate que abone a la unidad de la organización. Esto último es nuestro objetivo prioritario a partir de dos certezas: que el piso de acuerdos al interior de la organización es elevado; y que el contexto local y regional nos obliga a actuar ponderando la más sólida unidad.

Comencemos: construir la izquierda popular es nuestra orientación estratégica y se basa en generar la correlación de fuerzas necesaria al interior del campo popular para que, en articulación con otros espacios, podamos transformar radicalmente nuestro país. Así como pensamos la construcción de poder popular como condición de posibilidad para un gobierno que cambie de manera estructural e irreversible la Argentina, reconocemos también el carácter no contradictorio entre esta idea-fuerza y la centralidad de la vía electoral en las actuales coordenadas políticas, como sostenemos en nuestro Manifiesto Fundacional.

En un plano táctico, decimos que el kirchnerismo es el actor más importante dentro del campo popular con el cual tendremos que priorizar dicha articulación. Esto se sustenta, entre otras razones, a partir de una lectura del conjunto de fuerzas políticas del campo popular y por el hecho de que su identidad excede ampliamente su “base organizada”.

En ese marco, si la gran mayoría de la organización coincide en la vitalidad del proyecto estratégico de construir la izquierda popular, nos podemos realizar las siguientes preguntas: ¿tiene sentido que la táctica para avanzar en esta orientación se resuma en construir de manera prioritaria con organizaciones que se reconozcan “de izquierda popular”? Aquí entramos en otra disyuntiva: si la propuesta es primero fortalecer la izquierda popular y, en mejor correlación de fuerzas, confluir con mayor capacidad hegemónica con otros espacios, entonces hablamos de una diferencia del orden de lo táctico. En este punto creemos que una crítica a la orientación táctica hasta aquí ponderada por PATRIA GRANDE (interpelar de manera prioritaria al kirchnerismo) se sustenta muchas veces en una tesis que no compartimos: el hecho de que a mayor política hacia determinado sector, menos posibilidades tenemos de crecer en fuerza propia. A contramano de esto, evaluamos que hay elementos para pensar que nuestra organización tendió a fortalecerse mediante políticas decidida y abiertamente articuladas con otras identidades.

Por el contrario, si la propuesta tiene que ver con pensarnos como el eje articulador de organizaciones que bajo el auto-percibimiento de “izquierda popular” se subordinen a nuestra orientación, entonces hablamos de una diferencia estratégica que a nuestro parecer  conllevaría dificultades para materializarse: concretamente, sus limitadas posibilidades hegemónicas bajo las coordenadas político-sociales actuales.

En el plano opuesto cabe preguntarnos, si bien no está formulada esta posición de manera explícita, si un ingreso orgánico de nuestra fuerza al kirchnerismo potenciaría la construcción de una alternativa política superadora. Sobre este aspecto entendemos que, si bien la construcción incipiente de Unidad Ciudadana arroja algunos elementos innovadores que muestran signos de mayor progresividad, la realidad actual no otorga las certezas necesarias como para afirmar una apertura para la construcción de un bloque popular de composición plural, en el que nuestra fuerza pueda disputar la superación de las limitaciones neo-desarrollistas.

Entendemos que la articulación electoral con el kirchnerismo no se traduce necesariamente en resignar autonomía política, entendiendo ésta como la capacidad de garantizarnos nuestras propias instancias de dirección y orientación política. En este sentido, las experiencias de plataformas y frentes electorales llevadas a cabo este año por la organización no la resignaron ni pusieron en riesgo, pero aun así deberíamos definir sus límites y alcances.

Situar nuestros debates

Señalamos a continuación lo que para nosotros son elementos que contribuyen a situar nuestro debate luego de las PASO. Primero, la imposibilidad de los sectores dominantes de  “enterrar” a CFK y garantizar alternativas de poder que no cuestionen el “consenso neoliberal”, ubicándola como la principal figura política en términos nacionales con potencialidad de contrarrestar el proyecto de las clases dominantes. Sin embargo, deben evaluarse sus posibilidades reales de imponerse contemplando otras variables que suponen un techo electoral importante pero difícil de elevar. Por último, el desenlace de un año con mucho en juego para el oficialismo está por verse en octubre. Aun así, todo indica que sólo una lectura forzada y tozudamente electoralista puede interpretar al voto popular como la firma de un cheque en blanco para el macrismo que le garantice profundizar el ajuste sin resistencia alguna de nuestro pueblo, mucho menos su reelección en 2019.

Con todo lo expuesto, entendemos que si bien la actual coyuntura muestra elementos novedosos que obligan a clarificar posiciones tácticas, no demanda reorientar estratégicamente nuestra organización. En caso de acordar colectivamente un horizonte estratégico en común, estos son algunos interrogantes que pueden clarificar y ordenar nuestras diferencias tácticas: ¿cómo construir lecturas situadas/regionalizadas para pensar la flexibilidad de las tácticas y su contribución a la orientación estratégica? ¿Qué aspectos de las estructuras tradicionales de poder contradicen los principios que orientan nuestro horizonte estratégico? ¿Cómo sostenemos nuestra autonomía política a la vez que articulamos en el plano electoral con el kirchnerismo? ¿Cómo traducir en la composición orgánica diferencias tácticas que no seamos capaces de sintetizar?

 

La izquierda popular en el país de la grieta

Por Noelia Figueroa

Hay momentos históricos en los que el tiempo parece acelerarse, en los que las fuerzas en pugna en una sociedad se recortan más claramente. Los antagonismos sociales y políticos tienden a simplificarse y a volverse virulentos. Los grupos sociales toman partido y se agrupan en su percepción en torno a ciertas problemáticas políticas que se tematizan de manera extendida. En general, son períodos que siguen a momentos de crecimiento económico notorio o moderado, de ampliación de derechos; de avance de concertaciones progresistas o a la “izquierda”, de fuerte impronta política y centralidad de lo estatal.

Son momentos en que se cristalizan sentidos comunes reaccionarios y antipopulares, que obviamente no surgen de la nada, sino que se gestan de manera larvada durante años. Frente a eso, la resistencia a la ofensiva conservadora se construye en la amalgama de distintos sectores que entienden que es necesario defender un núcleo de sentido que pretende garantizar derechos mínimos, libertades civiles y políticas, acceso al consumo conseguido en el periodo anterior, la idea de lo público o lo colectivo, de defensa del Estado. En lapsos históricos de esta índole, los enemigos claros del pueblo y aquellos y aquellas a los que han podido convencer no distinguen demasiado entre sus opositores e, incluso, se agarran con saña de quienes fueron las caras o sellos visibles de las transformaciones del período anterior. Seamos claros: no con quienes tuvimos programas más de avanzada, ni planteos más antisistémicos, sino con quienes representan para el masivo los rostros de esos procesos sociales de politización e inclusión. En Argentina: Milagro Sala o la misma CFK (en ambos casos, tomamos nota del profundo carácter misógino de esas persecuciones).

Las feministas populares conocemos de ser condenadas socialmente pero también aprendimos que con la lucha callejera y la organización colectiva no alcanza (¡miremos a Brasil sino!), si mostramos ser incapaces de darle estrategia de poder a nuestros deseos de transformación radical.

Asumir nuestras trincheras… y nuestras limitaciones

Es urgente que nos re-preguntemos por las formas que adquiere la política de disputa de los territorios en nuestro presente histórico, y que focalicemos en cuáles serán las herramientas organizativas y los marcos de alianza que construyamos para acercarnos a nuestros objetivos de manera situada.

No es casual que reine la confusión. Las clases dominantes se han alimentado históricamente de nuestra incapacidad de llegar a tiempo con las caracterizaciones, de la facilidad nacional para enfrascarnos en luchas intestinas, de nuestros purismos y sectarismos diversos, de las disputas de egos, de construcciones altamente atravesadas por las formas patriarcales de hacer política. Pero es importante que esta vez seamos conscientes de nuestra responsabilidad histórica, dando lo mejor de nosotros. Del nivel de nuestras discusiones y de la calidad de nuestras resoluciones depende en gran medida la posibilidad de seguir construyendo en un sentido amplio y unitario el frente antineoliberal que soñamos para frenar esta avanzada de la derecha. Y tenemos que partir de asumir que muchísimas dudas e interrogantes sobre nuestro derrotero como espacio político no las vamos a resolver en lo inmediato.

Conclusiones parciales

En todo ese panorama, la apuesta es doble. Por un lado, debemos abonar a construir las mejores herramientas de unidad política y social en cada ciudad y provincia del país. Por otro lado, precisamos afinar la respuesta a LA pregunta de estos meses en clave nacional: ¿desde dónde partimos en mejores condiciones para abonar a los procesos de resistencia y lucha de nuestro pueblo? Entiendo que tenemos que tomar partido por hacer crecer a las franjas sociales que vienen siendo críticas por izquierda al macrismo y que, en gran parte, identifican en la figura de CFK el liderazgo moral, social y político para dar esa batalla.

¿Qué NO implica eso? 1) Asumir el liderazgo de CFK como propio y natural, y relegar la construcción de referencias y de una alternativa política de la izquierda popular. 2) Cambiar nuestra caracterización política de la etapa anterior, o nuestra lectura en torno a las limitaciones estructurales del neo-desarrollismo en América Latina, o desconocer las limitaciones y los desaciertos graves del kirchnerismo como proyecto. 3) Renunciar a nuestro horizonte socialista y feminista popular. 4) Caer en discursos simplistas de enfrentamiento absoluto con quienes coyunturalmente puedan estar apoyando opciones de derecha, desconociendo así la eficacia de las construcciones mediáticas que se montan sobre los deseos de tranquilidad y “normalidad” de vastos sectores sociales.

Qué SÍ implica: 1) Revisar nuestros marcos de alianza generales a partir de una serie de preguntas: ¿con qué criterios y cómo clasificamos a las organizaciones y espacios? ¿Por el carácter y efectividad de su oposición al macrismo? ¿Por su programa? ¿Por su nivel de participación en luchas y reclamos sociales? ¿Por sus formas de construcción política? 2) Repensar nuestra historia nacional en relación a encuentros y desencuentros entre izquierdas y tradiciones nacional-populares, haciendo otras preguntas: ¿puede haber en el presente una izquierda popular que no abone centralmente al encuentro entre esos espacios? ¿Cómo queda configurado el espacio nacional y popular fuera del gobierno? 3) Dotar de peso excepcional el análisis de los procesos continentales y las consecuencias políticas de los retrocesos en la región. 4) Seguir trabajando incansablemente por el crecimiento de nuestras construcciones y por la unidad del campo popular organizado.

En resumen, nuestras definiciones de aquí en más deben ser diseñadas atendiendo una doble temporalidad no esquemática ni lineal pero que necesitamos clarificar para delimitar tareas urgentes.

La del largo plazo, que requiere forjar una alternativa novedosa y superadora de la experiencia kirchnerista y exige creatividad constructiva en lo social, así como la generación de referencias nuevas y con vocación de masividad.

La del plazo corto, del año 2017 como bisagra y de las definiciones coyunturales, que implica optar por construir de este lado de la grieta, con ese núcleo de buen sentido que referencia al kirchnerismo y a CFK como el espacio que expresa a una generación política convencida de que no se puede retroceder ni un tantito así en la defensa de la Patria Grande.

 

El cambio de etapa y la izquierda popular

Por Juan del Pino

Sostenemos que el cambio de etapa no es un acontecimiento que se cristalizó el 10 de diciembre de 2015 sino que se trata de un proceso en curso, con final abierto, signado por la crisis del ciclo progresista y la avanzada liberal/imperialista en el país y la región.

Este proceso, entendemos, está marcado por elementos económicos vinculados a la crisis global neoliberal desatada en 2007-2008 y elementos geopolíticos, en los que resaltan la muerte del Comandante Chávez y los golpes de Estado en Honduras, Paraguay y Brasil. Sin embargo, creemos que a la hora de analizar el cambio de etapa en curso no se ha hecho suficiente hincapié en sus elementos políticos, lo que lleva a lecturas superficiales que circunscriben el cambio de etapa al cambio de gobierno y sus razones al plano electoral.

Entre los elementos políticos constitutivos del cambio de etapa podemos señalar:

a) momentos de pérdida de hegemonía del campo popular en las calles: 2012 (8N) y 2015 (Nisman).
b) confluencia programática del conjunto de las grandes patronales locales, algo que no sucedía desde la Convertibilidad (ver Foro de Convergencia Empresarial).
c) derechización general del mapa político, con el progresismo perdiendo peso al interior del peronismo y el progresismo no peronista cayendo en una profunda crisis de dispersión y desacumulación.

En este marco, los sectores dominantes lograron ocupar sin mediaciones orgánicas el Poder Ejecutivo nacional (y varios provinciales) vía Cambiemos; profundizaron su inserción en el Poder Judicial y consolidaron una cómoda mayoría en el Legislativo nacional, posiciones que les permiten avanzar con su programa liberal a pesar de los frenos y contramarchas que hemos logrado imponer con el nuevo ciclo de movilizaciones de masas que venimos protagonizando como campo popular.

Si decimos que el cambio de etapa no es un hecho consumado sino un proceso en disputa, es porque la crisis económica neoliberal sigue vigente, complicando la estabilidad de los nuevos gobiernos neoliberales, mientras que los retrocesos en materia geopolítica y política son ciertamente graves pero no aún decisivos. La tozuda resistencia bolivariana, el nuevo ciclo de luchas populares, la vigencia política del progresismo K (y en menor medida de la izquierda) configuran un escenario abierto, en el que sin dudas la ofensiva liberal/imperialista ha ganado posiciones pero no ha podido aún construir hegemonía.

Las tareas de la izquierda popular

Desde nuestro nacimiento como organización, hemos entendido a la izquierda popular no solamente como perspectiva estratégica y una identidad para ubicarnos en el mapa político existente, sino fundamentalmente como la apuesta por la construcción de un nuevo espacio político. Sostenemos que esa apuesta está vigente y que ese espacio en construcción tiene un rol que jugar en el cambio de etapa actual. Es decir, partimos de la convicción de que la izquierda popular está en condiciones de hacer un aporte cualitativo en este momento, de llevar adelante iniciativas importantes que no pueden ser realizadas ni por la izquierda “tradicional” ni por el kirchnerismo.

Esta posición entra en tensión con la de aquellas y aquellos compañeros que sostienen que la izquierda popular no tiene espacio en la actual coyuntura y, por lo tanto, afirman que es preciso subordinarse al peronismo progresista, apostando a radicalizarlo o acumular en su interior o exclusivamente en sus márgenes.

Entendemos que esa orientación empalma con la estrategia del gobierno que busca constituir a CFK en la protagonista exclusiva de la oposición, aislarla y marginar junto con ella al conjunto de las resistencias populares. Comprendemos y compartimos la empatía hacia su referencia producto del ataque frontal de las clases dominantes, pero creemos que nuestro mayor aporte no radica en asumir su referencia sino en, desde la izquierda, comprenderla como principal referencia opositora y como posible aliada antineoliberal.

Para cerrar, entonces, compartimos algunas de las tareas que entendemos debe asumir la izquierda popular, espacio político que apostamos a construir de conjunto con otras organizaciones y referencias, con PATRIA GRANDE como organización vertebral:

  1. Promover articulaciones para solidarizarnos con la Revolución Bolivariana, construyendo oposición al intervencionismo yanqui.
  2. Impulsar la más amplia unidad para fortalecer la movilización de masas. Con fuerte iniciativa en aquellas causas que por expresar defensas democráticas básicas permitan unir en acción a todo el campo popular.
  3. Profundizar nuestra inserción sectorial (CTEP – Mala Junta – sindical – estudiantil – territorial) y aprovechar nuestras relaciones para construir instancias multisectoriales amplias de discusión político-económica, programática. ¿Hacia un Foro de Convergencia Popular?
  4. Disputar y ampliar el espectro antineoliberal construyendo plataformas y/o frentes que trasciendan la identidad de izquierdas pero sin abandonar dicho campo. Para ello:
    – empalmar con los núcleos de buen sentido heredados del ciclo progresista: militancia popular, DDHH, soberanía nacional; pero también con los nuevos sentidos de época que podamos disputarle al macrismo: lucha contra narcotráfico y corrupción, renovación política, cultura del trabajo y el esfuerzo.
    – intentar contener desprendimientos por izquierda del progresismo y el nacionalismo popular. Por ejemplo: Del Frade, Argumedo, Rivas, Daniela Castro.
  5. Promover unidad entre kirchnerismo e izquierdas cuando existan condiciones reales de disputarle posiciones concretas a las clases dominantes. Por ejemplo: llamado a votar a Scioli en el balotaje, frente anti Franja Morada para recuperar la Federación Universitaria de Córdoba. Entendemos que aplicar la lógica del “no da lo mismo” a todo espacio de disputa es un error de mecanicismo que nos termina aislando, regalando el campo de izquierdas al trotskismo y no aportando nada significativo ni al kirchnerismo ni al campo popular en general.

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