Suplemento especial: Debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 25 de octubre de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

 

Apuntes para un balance de las experiencias que buscaron confluir con el kirchnerismo

Por Camila Lusardi, Leonardo Gurrieri y Hernán Aisenberg

 

Uno de los elementos que convierte al kirchnerismo en un fenómeno complejo es la diversidad de organizaciones que lo componen. Dentro del mismo, se ubican algunos sectores del peronismo más tradicional (PJ), espacios de distintas tradiciones políticas (centroizquierda, progresismo, socialismo, comunismo, radicalismo) y organizaciones sociales que se fueron volcando a la política luego de la crisis de 2001, lo que durante el mandato de Néstor Kirchner se llamó la “transversalidad”.

En el marco del debate abierto en nuestra organización y en el conjunto del campo popular, intentaremos aportar algunas herramientas para pensar las tareas de las organizaciones populares en esta etapa política. Proponemos revisar las experiencias que se acercaron al kirchnerismo con críticas por izquierda para analizar su trayectoria, sus limitaciones, la capacidad de sostener su autonomía relativa e impulsar agenda dentro de aquel espacio político.

Entre autonomía e integración

El caso de Nuevo Encuentro (NE) resulta paradigmático. Este espacio emerge como resultado de un frente de varias organizaciones no peronistas, provenientes del progresismo y la izquierda, comandados por Sabbatella. Se presentaron a elecciones en el año 2009 en provincia de Buenos Aires buscando ocupar, junto con Proyecto Sur en la CABA, el espacio de centroizquierda que quedaba vacante con la deriva del “progresismo” hacia un antikirchnerismo más conservador.

No obstante, en 2011, Proyecto Sur empieza a tomar distancia del kirchnerismo y NE decide acercarse más, participando como colectora del FPV en algunos distritos (CABA), manteniendo un apoyo crítico al gobierno con la consigna de “profundizar el modelo” y como oposición al mismo en otros, como PBA, donde presentó una candidatura de gobernador como oposición a Scioli.

Pasadas las elecciones que dieran a CFK ganadora con un 54%, NE decidió decidió abandonar el apoyo crítico al kirchnerismo para disputar con el PJ la representatividad y la legitimidad del kirchnerismo a nivel nacional. Formaron parte de Unidos y Organizados, unificaron sus bloques parlamentarios con los del FPV y participaron de la gestión. Esto le permitió un crecimiento militante y un acumulado considerable, a la vez que implicó dejar de lado la estrategia de construir una identidad propia que venía consolidando hasta el momento.

El período que siguió a la elección se caracterizó por un giro político y económico en busca de lo que, en aquel momento, definimos como un “pacto de gobernabilidad”. El objetivo que se propuso el kirchnerismo en ese momento fue garantizar una relativa estabilidad en los últimos años de gobierno y producir una transición lo más ordenada posible en 2015.

Diversas medidas como la devaluación, el cambio de actitud y discursivo ante las protestas sociales, el nombramiento de Milani, la búsqueda por volver a los mercados internacionales con el acuerdo con el Club de París y la indemnización a Repsol fueron ejemplos de este giro conservador. En ese contexto, NE ya estaba plenamente integrado en el espacio kirchnerista, por lo que no expresaron oposición a estas medidas. Lo mismo sucedió ante la candidatura de Daniel Scioli, figura a la que se habían opuesto en 2011 y que expresaba el recambio por derecha a la presidencia de CFK, aceptando la misma sin ningún cuestionamiento público.

Como fenómeno más reciente, se puede pensar en la experiencia del Movimiento Proyecto Popular (MPP), organización nacida dentro del campo popular como fruto de las discusiones sobre la caracterización del kirchnerismo y la etapa política. En las elecciones de 2013, Pablo Ferreyra, su principal referente, obtuvo el cargo de legislador dentro de una colectora del FPV.

Si bien en un comienzo esta organización constituyó un bloque propio, terminó por conformar el bloque legislativo del FPV en 2016 a partir de la victoria de Macri y la ruptura de Olmos y Santamaría con el FPV para armar su propio espacio (NEP). A pesar de que se presentó originalmente como un espacio a la izquierda del kirchnerismo, el cambio de gobierno en 2015 los encontró ante una ruptura interna y un escaso acumulado para incidir en los grandes núcleos de discusión sobre el futuro del proyecto kirchnerista.

Reflexión final

No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica

J.C. Mariátegui

Más allá de las diferencias, ambas organizaciones expresan espacios que surgieron por izquierda al kirchnerismo para luego incorporarse a dicho espacio, poniendo sus construcciones y cargos propios al servicio de la política del FPV e intentando (aun hoy en día) dar la disputa por la conducción y la identidad kirchnerista con resultados disímiles, pero en ambos casos insuficientes. En un nuevo contexto político y económico mundial, cabe preguntarse: ¿cuál es la nueva estrategia que se proponen este tipo de organizaciones para hegemonizar Unidad Ciudadana? Después de 6 y 4 años, respectivamente, ¿qué correlaciones de fuerza lograron establecer NE y el MPP con el PJ en la disputa por la conducción del espacio del FPV/UC? ¿Con qué herramientas y posibilidades llegan para construir una identidad antineoliberal que supere el modelo que proponen las viejas estructuras que criticaban originalmente?

Desde la izquierda popular, venimos sosteniendo hace años que no va a ser posible construir una alternativa revolucionaria al neoliberalismo sin una confluencia con actores e identidades progresistas, kirchneristas o peronistas, pero debemos estudiar estas experiencias para no cometer los mismos errores. La unidad es el horizonte, pero para ello es necesario una discusión estratégica previa. No se trata de adaptar nuestra política y nuestra identidad a estas organizaciones, ni de la necesidad de convencerlos de distanciarse y renegar de su proyecto político.

En un contexto en el cual el neoliberalismo se instala en el poder intentando construir una hegemonía duradera, nuestra creatividad y capacidad debe estar a la altura de los desafíos que se presentan. Para ello, es imprescindible hacer un balance reflexivo sobre las experiencias pasadas que nos llevaron donde estamos, para no repetirlas y construir el proyecto superador que la izquierda popular se propone, sin subordinarse. Si esperamos derrotar la ofensiva neoliberal repitiendo viejas experiencias, vamos camino a darnos los mismos golpes.

 

Patria Grande frente al desafío de una nueva etapa

Ezequiel Haro y Juan Ignacio  Montaña

 

“Las experiencias más potentes, ricas y profundas han sido, sin embargo, las que han logrado disolver esa dicotomía y sintetizar las mejores ideas del marxismo con movimientos populares de base nacional en una perspectiva antiimperialista y anticapitalista, como de manera evidente muestra Cuba.”

Manifiesto fundacional de PATRIA GRANDE

A partir del triunfo de Cambiemos en nuestro país se produjo el punto de quiebre de la contraofensiva neoliberal que se venía gestando en todo el continente. Esto puso sobre relieve el conjunto de limitaciones y tensiones de las organizaciones del campo popular en Argentina y en toda Latinoamérica.

Consideramos que PATRIA GRANDE (y la izquierda popular) está atravesada fuertemente por tres problemas: qué relación establecer entre la lucha social y la lucha política en esta nueva etapa; qué rol juega la disputa electoral en nuestra estrategia política; qué representa el kirchnerismo en el escenario político nacional y cómo relacionarse con este fenómeno.

Lucha social, lucha política y disputa electoral

Las organizaciones que antecedieron a PATRIA GRANDE han tenido una identidad política con un fuerte arraigo en las resistencias al neoliberalismo de los noventa que irrumpieron en 2001 poniendo en crisis el régimen político en su conjunto y generando un vacío de representación. Con ello arrastramos también una de las principales limitaciones que tuvieron esas experiencias: relegar la disputa del poder del Estado. Dentro del campo popular, ese espacio vacante fue ocupado (en parte) por el kirchnerismo, revitalizando el ideario peronista pero también construyendo una nueva identidad dentro de esta tradición. Desde el campo de las clases dominantes, quien lo ocupó fue el PRO. Por lo tanto, nuestro surgimiento como movimiento político y social y la configuración del espacio de la izquierda popular, con sus incursiones electorales correspondientes, se produce ya en un momento de fuerte legitimidad del régimen político y con poco espacio para la posibilidad de nuevas irrupciones, lo cual nos plantea una dificultad importante para pensar cómo ganarnos un lugar en la escena política y proyectarnos hacia las masas.

En estas circunstancias, consideramos crucial poder comprender que la lucha social y la política no están disociadas sino que son planos entrelazados, fuertemente vinculados, a los cuales hay que atender de manera simultánea. Respecto de las expresiones más directas de la lucha de clases, desde PATRIA GRANDE hemos estado insertos en los sectores más dinámicos que hoy enfrentan la embestida neoliberal, incluso con un protagonismo importante en algunos de ellos, como es el caso de las y los trabajadores de la economía popular a través de nuestra inserción en el MTE o nuestra participación a través de MALA JUNTA de la oleada feminista que sacude nuestro país a partir de la irrupción del Ni un Menos. Estas son dimensiones de nuestra construcción que hay profundizar y que para nosotros deben tener una prioridad estratégica para la orientación que nos propusimos de construir un frente social y político antineoliberal.

En el ámbito electoral, hicimos algunos avances importantes pero entendemos que no hemos asumido la centralidad que tiene esta disputa para la posibilidad de construir un proceso de transformación radical en la Argentina. Por otra parte, consideramos que el mejor camino para construir esa disputa no es la autoafirmación de nuestro espacio político, sino nuestro aporte a la construcción de plataformas ciudadanas con una identidad lo más amplia posible. Esta es una orientación que debemos ratificar y profundizar como nuestra principal estrategia de poder.

La construcción de un bloque popular revolucionario para un proyecto de liberación

El cambio de etapa implicó para el campo popular pasar de una situación de ofensiva a una situación defensiva. Como consecuencia de esto, la gran mayoría de las organizaciones nos encontramos en un proceso de reubicación. El kirchnerismo dio cuenta que, aun fuera del gobierno nacional, representa una identidad política mayoritaria en el conjunto del campo popular con una fuerte influencia electoral en el pueblo argentino de conjunto. En este sentido, por un lado, CFK es la referencia indiscutida para quienes asumen esta identidad política; por otro lado, es la principal figura opositora al gobierno de Macri. A su vez, juega un rol progresivo ya que representa un obstáculo para el restablecimiento de los sectores más conservadores del peronismo que buscan ser un recambio aceptable para la nueva hegemonía de las clases dominantes. De esta forma, nuestra relación con quienes se identifican con el kirchnerismo no puede ser la misma que en la etapa anterior. Esto implica no solamente buscar articular sectorialmente o en la lucha social, sino también privilegiar la relación con este espacio en la lucha política. La construcción de un nuevo bloque popular revolucionario es necesariamente (no de manera excluyente) con quienes asumen la identidad kirchnerista y, por supuesto, con todos aquellos sectores sociales que protagonizan la resistencia al gobierno de Macri: el movimiento de mujeres, el movimiento de la economía popular, la Corriente Federal de la CGT y la CTA T, por mencionar los más dinámicos.

Esta estrategia de poder y nuestra relación con estos espacios del campo popular deberá  buscar que incorporen elementos programáticos que no están presentes en sus programas políticos y reivindicativos (ver los 15 puntos de UC o los 27 de la CFT de la CGT, por ejemplo), proyectando la superación de la experiencia kirchnerista en el gobierno, con el socialismo del siglo XXI como norte. Esto implica la necesidad de un programa de liberación nacional que integre estas demandas planteando la necesidad de un proceso constituyente que transforme radicalmente nuestro régimen político para crear un sistema político y social erigido sobre la construcción de poder popular, con una mayor participación del pueblo en la toma de decisiones en todos los ámbitos y una profunda transformación económica que rompa con la dependencia y sustente de manera eficaz este nuevo Estado.

Hoy vivimos tiempos difíciles que promueven el pensamiento de que la posibilidad de una victoria popular y una nueva oleada de los pueblos latinoamericanos solo puede avizorarse en un futuro lejano, con una crisis sistémica como la de 2001. Preferimos asumir una mirada optimista frente a un mundo convulsionado en el que no reina el clima de época del “fin de la historia” de los años noventa. Confiamos en nuestras capacidades para aprender de nuestros errores y explotar nuestras virtudes para derrotar a las clases dominantes, porque tal como plantea García Linera: “Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”.             

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