Suplemento especial: Debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 08 de noviembre de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

Notas para la (re) construcción de una perspectiva política

Por Martín Maqueda

  1. Historia

El neoliberalismo triunfó en Argentina sobre la desarticulación de todo proyecto de transformación social profunda. No es simplemente un paquete de medidas ejecutadas por un gobierno empresarial como el actual, sino una etapa histórica global. Podemos obstaculizar o frenar su avance, pero derrotar el neoliberalismo será la superación de las relaciones productivas capitalistas, la democracia liberal, la cultura individualista, el régimen hetero-patriarcal.

La última dictadura significó para las expresiones más radicales del campo popular la pérdida de una generación militante. Experiencias valiosas durante los noventa no pudieron tornar en alternativa post 2001. Los límites del “modelo” kirchnerista y la política “de resistencia” desde diciembre de 2015 hablan de la duración de dicha desarticulación.

Es una responsabilidad histórica la (re) construcción de esa perspectiva política, que Patria Grande expresa, pero no agota, a nivel nacional –la organización se cimentó sobre un arduo trabajo militante a lo largo de años que no respondió simplemente a “decisiones audaces” en el terreno político-electoral; condensando bases estratégicas y programáticas en diferentes escritos. Constituye una tarea intergeneracional, del mediano y largo plazo, lo cual no implica “meternos debajo de la cama”, pero sí dejar de lado hipótesis de corte “irrupción”, a menos que caractericemos una crisis de representación.

La perspectiva de la izquierda popular debe ser la consolidación y fortalecimiento de ese proyecto político que no es un “perfil” o un “espacio en el mapa”, no pasa por la generación de una identidad, sino de la construcción de horizontes de articulación por la positiva. En la actual etapa, aportar a transformar consignas defensivas y experiencias de resistencia de los sujetos oprimidos en posibilidades de futuro. Estas sólo pueden desarrollarse contenidas en alternativas políticas de transformación social.

  1. Acción

En cada acción militante debemos tener presente una proyección constructiva de sujetos empoderados en un sentido acumulativo que permita torcer en el campo popular la estrategia de poder hacia el socialismo como horizonte mayoritario. Esto debemos fundarlo en distintos planos interrelacionados:

  • Nuestra política sectorial: es en donde más fortalezas tenemos para encarar esta tarea y en donde hemos podido erigir ya algunos ejemplos, quizá el más saliente sea nuestro rol en el movimiento feminista. La atención para generar proyecciones no cortoplacistas y revisar las prioridades relativas que le asignamos a cada sector debe ser constante.
  • Los debates generales de toda la sociedad: rechazar los tarifazos, ¿qué modelo energético proponemos?; denunciar la reforma laboral, ¿cómo se genera trabajo digno hoy?; decir “no” a la privatización educativa, ¿qué es forjar conocimiento para el siglo XXI?; también ocuparnos de la (in) seguridad, la corrupción, el narcotráfico, que son los temas más esquivos.
  • Los dos planos anteriores no pueden tener encarnación concreta en la sociedad actual si se descuida el plano de lo individual. Esto no es rendirse a una ilusión individualista sino entender que en todo proceso colectivo hay una dimensión de empoderamiento y autorreflexión que nos atraviesa personalmente.
  1. Encuentro

A partir de analizar las situaciones y la política de cada actor, en términos estratégicos y tácticos, podremos distinguir:

  • El encuentro con fuerzas militantes del campo popular. Muchas expresiones del campo popular a la hora de hacer política ponen por delante una voluntad de autoafirmación identitaria antes que atención a los ejes de transformación concretos de la realidad. Esto se replica de diferentes maneras en expresiones de las izquierdas y en el actor mayoritario, el kirchnerismo. Nuestra política debe poder dialogar con esas identidades a partir de un debate de alternativas concretas de transformación, sea para un sector particular o de cara a toda la sociedad. Esto nos debe permitir salir de un “resistencialismo” que en la actual etapa sólo nos hará retroceder cada vez más. Es efectivamente la posibilidad de abrir perspectivas más radicales de parte de actores que hoy no las plantean lo que debe guiar nuestra acción en los marcos de unidad que sepamos generar.
    En esta circunstancia, el voto a CFK en Unidad Ciudadana es una definición lógica y acertada a partir del análisis de las fuerzas sociales en pugna y sus expresiones electorales ya que nos permite desarrollar esa perspectiva: “valentía” y “audacia” hoy es debatir de cara al pueblo y sus expresiones organizadas cuál es la manera de enfrentar el macrismo y derrotar el neoliberalismo.
  • Actores políticos con afinidades discursivas o “programáticas”, que actúan en el conflicto social y político en defensa de intereses propios, hacia los que nuestra perspectiva debe ser de disputa a partir de una medición clara de la correlación de fuerzas. Esto se puso en juego en el debate sobre Unidad Porteña en la CABA, subestimando sectores sindicales burocráticos, empresariales y mediáticos con peso en el PJ porteño.
  1. Conciencia

Este cúmulo de tareas implica esfuerzo en el terreno y una tarea intelectual para imaginar realidades alternativas. Formación como tarea del cotidiano, constante relación entre fundamentos teóricos, investigación histórica, objetivos estratégicos y análisis de la realidad. Un enriquecimiento del debate político, generar caracterizaciones para tomar decisiones y no invertir el proceso.

Nuestro feminismo deja claro que no estamos exentos de reproducir relaciones patriarcales a menos que las cuestionemos y transformemos. Idéntico razonamiento debemos aplicar a otras tendencias que se profundizan con el avance neoliberal: el cortoplacismo, la búsqueda del “éxito” en términos cuantitativos, el achatamiento del debate político y su reemplazo por fórmulas simplificadoras, el posibilismo hacia decisiones conservadoras. Lo mismo cabe a la formación de dirigentes en nuestra organización. La sociedad recrea referencias políticas de forma sistémica sobre criterios de cooptación y obsecuencia, nuestra formación de cuadros debe privilegiar el pensamiento crítico, la elaboración propia y una cultura política democrática.

 

Es ahora porque, quizás, mañana sea tarde

Por Sebastián Tafuro

Pasaron las elecciones legislativas hace apenas 15 días. Tal como se esperaba, Cambiemos consolidó el triunfo de las PASO e incluso dio vuelta el resultado en algunas provincias. Si visualizábamos acertadamente un cambio de etapa a partir de la asunción de Mauricio Macri en diciembre de 2015, esta elección de medio término ratifica más allá de que no signifique un cheque en blanco el rumbo adquirido por la gestión de Cambiemos.

El campo popular aparece desorientado ante esa ola amarilla que desafía determinadas visiones construidas como, por ejemplo, la relación entre el estado de la economía y el voto y, por delante, parecería toparse con una especie de desierto que desemboca en una reelección macrista con la figura que sea dentro de dos años. Inscripto en esa vereda, la izquierda popular atraviesa un proceso de debates al cual nos proponemos contribuir, siempre con el espíritu de desentrañar este nuevo mundo en el que nos encontramos, bastante distinto del de nuestros orígenes. Más complejo, más adverso y con mayores dificultades a la hora de construir certezas.

Hacia abril de 2016, para nuestro II Plenario Nacional de Delegados y Delegadas, construimos dos hipótesis sobre el futuro del macrismo en el poder: por un lado, una cierta estabilización conservadora con un sistema político como sostén, a partir de la idea más general del “bipartidismo conservador”, sumado al apoyo del establishment y la notable concentración mediática favorable a los intereses gubernamentales. Por otro, la que más nos encendía el entusiasmo, es decir, que el proyecto de los principales sectores dominantes del país afrontara una serie de resistencias tales que los ajustes propuestos no pudieran llevarse a cabo. O, al menos, que sus intentos de ejecución tuvieran costos tan altos al punto de resquebrajar los horizontes de mediano y largo plazo para esta administración.

La intensísima dinámica política y social que es característica de este país, pero que se ha agudizado en los últimos años, nos llevó a ir midiendo prácticamente paso a paso el desenvolvimiento de estas hipótesis. Llegamos al Plenario Nacional de Delegados Extraordinario de marzo de este año con la siguiente lectura: el gobierno había avanzado con parte de su agenda política pero la movilización callejera había marcado importantes límites a un despliegue más completo de esa ofensiva neoliberal que caracterizábamos. La principal condición de posibilidad para un ajuste severo era la derrota de los sectores populares. Y, así como no estábamos derrotados al triunfar Macri, tampoco a principios de este año. Estábamos, según nuestros análisis, en un escenario intermedio.

Patas para arriba y la propuesta de un horizonte colectivo mejor

Casi ocho meses después de aquel plenario, la historia es conocida y está resumida en el primer párrafo: sin poder hablar aún de una plena “estabilización conservadora”, el gobierno se ve fortalecido en su legitimidad. No tanto a partir de una economía que no responde con la precisión deseada a sus designios más allá de algunos indicadores que le guiñan el ojo y permiten la recreación de expectativas sociales, sino a través del juego de interpretaciones sobre el panorama social y político de los años precedentes y de los años por venir. Las preguntas con las que sale ganador dadas las respuestas existentes son: ¿quiénes son los responsables del actual estado de cosas? ¿Quiénes brindan mayor confianza para resolver ese estado? Si logró instalar que la “herencia recibida” era la causante de todos los males, de todos los frenos que tiene el país para avanzar, también, como contrapartida, concentró en las listas de Cambiemos la esperanza de horizontes mejores. Por eso, todas las opciones “del medio” fracasaron rotundamente y la distribución de poder se inclinó en un solo sentido.

Sin embargo, los horizontes mejores que plantea el macrismo son como Papá Noel: no existen o, al menos, dejan a una porción importante de la población afuera. Por eso definíamos a estas elecciones como bisagra, porque eran una señal inequívoca, en caso de que ganaran los amarillos, para reforzar la ofensiva antipopular. Y vaya si en 15 días el propio elenco gubernamental y sus aliados en todos los planos (judicial, mediático, político y hasta sindical) tuvieron claro ese mensaje. El “reformismo permanente” que habla de futuro pero con resoluciones que retroceden décadas acompañado por el revanchismo anti derechos van de la mano. Frente a esta ofensiva ahora sí, desatada y con un caudal de votos notables: ¿qué hacer?

Por supuesto que cierta dificultad a la hora de enarbolar orientaciones claras para la etapa que atraviesa el campo popular nos obliga al ejercicio de humildad en nuestras perspectivas. Sin embargo, una obligación se nos aparece esencial: impedir la consolidación del neoliberalismo. No va a alcanzar, por otra parte, con la sola denuncia de lo que está mal o con decir que esos horizontes mejores que propone Cambiemos no existen. Porque hoy ellos ganan la batalla de ideas, si no por afano, al menos sí por una buena diferencia. Entonces, deberemos combinar la indignación, la crítica y la presencia en las calles con la propuesta de otros horizontes que disputen en el presente para ir hacia un futuro que nada tiene que ver con el “vamos a volver” pero tampoco con el refugio en las autoconstrucciones que no nos permitan mirar con otros ojos más amplios, más unitarios la realidad de nuestro pueblo.

¿Por qué no imaginar como horizonte la construcción de un frente político y social antineoliberal? Como diría nuestro Manifiesto Fundacional, “Patria Grande entiende que para alcanzar el gobierno y abrir un proceso de transformaciones radicales es necesaria la consolidación de un gran bloque popular y revolucionario. Nos referimos a una fuerza político-social de masas, un amplio movimiento de las clases trabajadoras, que logre torcer decisivamente la relación de fuerzas y abrir un camino de liberación nacional y cambio social, trascendiendo todas las variantes de administración del capital. Para esto es necesario incentivar y promover la lucha de masas, fortalecer el protagonismo desde abajo, pero también buscar la confluencia de múltiples fuerzas populares, de tradiciones políticas diversas, no todas autodenominadas de izquierda, que es imprescindible para cualquier proceso de cambio revolucionario”.

Esta confluencia la venimos trabajando y el nuevo momento que atraviesa el macrismo nos exige profundizarla siendo conscientes de las relaciones de fuerzas disímiles que hay entre los diferentes actores, pero no teniendo ese dato como un limitante a la hora de avanzar en unidad con esas “tradiciones políticas diversas”, especialmente aquellas vinculadas con el kirchnerismo, para gestar ese frente que derrote la ofensiva neoliberal recargada. Nuestro compromiso desde la izquierda popular es poner todas nuestras energías a disposición de esa construcción. Y es ahora, no por impaciencia militante, sino porque, quizás, mañana sea tarde.

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