Suplemento especial: Debates de la izquierda popular

Por: Patria Grande | 19 de julio de 2017

Continuamos con la publicación del suplemento “Debates de la izquierda popular”, una herramienta para promover la reflexión y la discusión colectiva de cara al conjunto de nuestra militancia y a quienes se referencian con nuestra construcción.  

Las notas que publicamos hasta ahora, y las que seguirán saliendo en los próximos números, se ordenan alrededor de tres grandes ejes generales de discusión: el balance de las experiencias políticas más recientes en Argentina y América Latina, sus limitaciones y posibles vías de superación; la caracterización de la nueva etapa política, las razones del triunfo de la derecha neoliberal; y la construcción de una nueva alternativa popular, sus vínculos con el acumulado, las propuestas y los liderazgos del kirchnerismo y de diversas expresiones peronistas y de izquierda que hoy se encuentran en la oposición.

Invitamos también por este medio a la militancia de PATRIA GRANDE a enviarnos sus aportes.

 

Por una izquierda popular con sentido del momento histórico

Por Julia Rigueiro y Sol de la Torre

La dominación económica y política del imperialismo sobre latinoamérica encontró a finales del siglo XX grandes niveles de obediencia en los gobiernos democráticos. La idea del “Fin de la Historia”, del fin de los grandes proyectos emancipatorios, se había vuelto hegemónica. “Y en eso llegó Fidel…”

Año 2000, Cuba

Día internacional de la clase trabajadora. Plaza de la Revolución José Martí, La Habana. Fidel se dirige hacia las cubanas y cubanos proponiendo profundizar el proceso revolucionario como posible salida a los embates imperialistas que nunca se cansaron de intentar torcer el rumbo cubano. Esta posible salida no era ni la más simple ni la menos riesgosa. Era un desafío, como todo lo que el pueblo de la pequeña isla caribeña encaró desde 1959. Un desafío que Fidel proponía para Cuba y Latinoamérica, para combatir ofensivas imperialistas con ofensivas revolucionarias.

“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”

Luchar por nuestros sueños de justicia implica no claudicar jamás, ni pensar que hemos llegado al límite de lo alcanzable. Para quienes creemos que la lucha de clases es el motor de la historia, la audacia es aprovechar cada momento histórico como el trampolín para lograr cambios revolucionarios. Hacer valer la fuerza de la verdad y las ideas con paciencia y perseverancia. Con ambición de vencer.

Año 2015, Brasil

La presidenta Dilma Rousseff y el PT se encuentran en una encerrona de la que no sólo no pueden salir sino que va haciéndose cada vez más asfixiante y profundiza la crisis para el pueblo. La salida conservadora del gobierno, otrora cimentado en las necesidades y la fuerza del pueblo, beneficia a la derecha concentrada que espera ansiosa para dar el golpe. Se aplican políticas de ajuste a la salud y a la educación. El gobierno del PT hace tiempo ha adoptado una política “estatista” que ha dejado de apoyarse en los reclamos y manifestaciones de las organizaciones populares brasileras como forma concreta para modificar la correlación de fuerzas social. La burguesía y los grandes terratenientes brasileros no dan tregua. La recientemente electa composición del congreso vota leyes profundamente retrógradas, gracias a los intereses bien representados de latifundistas, evangelistas, dueños de grandes grupos empresariales. La gobernabilidad para el Partido dos Trabalhadores se parece cada vez más a intentar navegar en brea caliente. En Argentina, gana las elecciones presidenciales un aliado natural de los golpistas brasileros.

El 12 de mayo de 2016, el Senado de Brasil aprobó el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, que la separó de su cargo y dejó al vicepresidente Michel Temer en el poder. Golpe parlamentario consumado. El primer presidente en enviar una carta formal de reconocimiento para Temer es, nunca casualmente, Mauricio Macri.

El pueblo lucha contra la crisis. Más de 80 organizaciones que integran el Frente Brasil Popular lanzaron un Plan Popular de Emergencia que incluye ejes como: democratización del Estado, políticas de desarrollo, reforma agraria y agricultura familiar, reforma tributaria, derechos sociales y laborales, derechos humanos y civiles, defensa del medio ambiente, política exterior soberana, derecho a la salud, la educación, la vivienda y la cultura, entre otros. Ya en 2014, estas organizaciones bregaban por objetivos similares. Actualmente, el ex presidente y futuro candidato para 2018 reconoce el poder del pueblo organizado para frenar la ofensiva neoliberal. Lula se está respaldando en estas organizaciones y en la movilización popular al intentar ponerse al frente de la misma. No podemos decir si esta posición de Lula es una orientación estratégica o sólo una visión instrumental, lo que está claro es que sin pueblo organizado y movilizado no puede vencerse al neoliberalismo. Estas mismas organizaciones son las que le están marcando que retomar la integración latinoamericana es una tarea a ser realizada con la espalda de la movilización popular, y nunca a espaldas de esta.

Año 2017, Argentina

La actualidad nos desafía a desarrollar un proyecto político que supere los límites del ciclo progresista de América Latina, tome como base las conquistas protagonizadas por el pueblo y logradas durante el pasado gobierno kirchnerista y nos lance a la construcción de aquel proyecto que, asentado en el poder popular, se proponga terminar con las cadenas de la dependencia, afirme un país con igualdad y soberanía y promueva la unidad latinoamericana como salida al mundo capitalista globalizado. Un proyecto de semejantes características se basa en el desarrollo de la conciencia popular, la fuerza organizada, la participación ciudadana. Es deseable que el fuerte liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner se ponga al frente de una cosa así. Pero lo cierto es que eso no ocurre. Cuando nos propone suspender movilizaciones, cuando ni siquiera considera la opción de ponerse al frente de las mismas, ratifica nuestra convicción de que solo el pueblo salvará al pueblo.  No da lo mismo intentar ser la voz del pueblo organizado o ser la salvadora deslindada de las construcciones populares.

A diferencia de CFK, tenemos la convicción de transformar todas las limitaciones de un modelo capitalista para el desarrollo pleno de la soberanía nacional, terminar con la extranjerización de la tierra, el modelo productivo extractivista y depredador del medio ambiente, proponemos una profunda reforma tributaria y de las actuales reglas del comercio exterior. Las candidaturas como la de CFK en elecciones pueden ser apoyadas o no por organizaciones como la nuestra de acuerdo al contexto político, pero eso no debe ser el factor que oriente nuestra estrategia, ni que nos alinee en sus filas. Lo electoral es muy importante pero no alcanza: los mayores avances para nuestro pueblo se lograron y se lograrán con la fuerza organizada y movilizada. Todos nuestros esfuerzos deben ponerse en conformar una amplia fuerza social y política antineoliberal; nuestro aporte al mismo es afirmar que tenemos que estar en la calle dando las batallas necesarias para que no nos barran derechos pero, también, es poner en debate la necesidad de un programa de transformación estructural para terminar con el capitalismo dependiente que reproduce el subdesarrollo de nuestra Patria y Nuestramérica. Si tenemos esos objetivos, el seguidismo no sirve porque nuestra personalidad política la vamos a construir uniendo esfuerzos con quienes deseen avanzar en este sentido pero, también, disputando con quienes quieran retrasar esta orientación.

La Izquierda Popular expresa la posibilidad de dar vida al sueño de un país justo y soberano. La audacia no es mantenerse en el plano de lo menos malo, conformarse con lo que ya existe. Sentido del momento histórico es correr los límites de lo posible.

 

Aportes para una reelaboración estratégica de la izquierda popular

Por Fernando Toyos

El momento actual de la organización se enmarca en una etapa signada por la ofensiva de la derecha en Argentina y la región, ofensiva que tiene efectos adversos no solamente en nuestras condiciones de vida y en el retroceso político que supone la instalación de una agenda netamente pro-capital desde la conducción del Estado. No. Supone, además, la puesta en cuestión de toda una época de auge de los gobiernos progresistas, nacional-populares y revolucionarios, procesos que fueron una referencia en el contexto de emergencia de nuestra organización. Así, las coordenadas políticas que nos trajeron hasta aquí, que nos permitieron construirnos y desarrollar tanto la izquierda independiente como la izquierda popular están puestas en duda. Esto se expresa con toda violencia en el caso de Venezuela y la Revolución Bolivariana, que resiste heroicamente el asedio de una derecha ya desembozadamente fascista, financiada -de forma también desembozada- por el imperialismo. La defensa de un proyecto que potenció como ningún otro la construcción de un socialismo para nuestra América en nuestro siglo XXI no puede sino ir de la mano de la crítica a las falencias que la conducción de dicho proceso ha reproducido, falencias que quedan en segundo plano en momentos de auge, pero que salen a la luz en momentos críticos. En este sentido, PATRIA GRANDE aún no ha asumido las consecuencias políticas que supone la crisis de, acaso, nuestra referencia más fuerte.

Los cambios sufridos a nivel nacional también demandan una revisión de nuestros principios, nuestras orientaciones y estrategias. Y los debates en el seno de nuestra militancia respecto del rol del kirchnerismo y de la figura de CFK en la actual etapa son un indicador de ello.

La profundidad de las transformaciones que vivimos a nivel continental y nacional desaconseja la adopción de orientaciones que, si bien ensayan nuevas hipótesis políticas, lo hacen sin el suficiente debate interno. Nuestra organización lleva, como un elemento de su cultura militante, la primacía de la intervención práctica sobre el debate interno, muchas veces percibido como un mero ejercicio teoricista o dogmático. Sintetizado bajo la consigna de ser audaces, este elemento -que nos permitió llegar hasta aquí- no es una buena herramienta para afrontar el actual momento de PATRIA GRANDE. En este sentido, la responsabilidad de todas las direcciones es arbitrar los medios necesarios para que los debates se desarrollen y procesen de forma constructiva, dándole voz a todas las posiciones que pudieran haber, de manera abierta y fraterna.

Elementos para una orientación alternativa: hacia un reagrupamiento de la izquierda popular

La discusión sobre la estrategia electoral en CABA estuvo condicionada por una lectura excesivamente coyuntural, demasiado centrada en objetivos de corto plazo y desprovista de una reflexión que intentara articular diversos planos de nuestra intervención política. Así, considero necesario recuperar algunas ideas para fundamentar una orientación alternativa con el objetivo de continuar un debate mientras la regional desarrolla la experiencia electoral.

PATRIA GRANDE ha sabido patear el tablero ante las limitaciones de una izquierda independiente que aún no asumía el desafío de la participación electoral, dando inicio a la construcción de una izquierda popular. Esta izquierda popular supo instalar otro debate relevante cuando, frente al balotaje de 2015, llamó a votar por Scioli a pesar de que expresaba un giro a la derecha del kirchnerismo, pero entendiendo que el resultado no era indiferente para la mayoría de nuestro pueblo. Pese a estos avances, la izquierda popular no es un espacio político constituido, aún carece de una referencia pública masiva y tiene muchos desafíos por delante.

En este sentido, nuestra orientación tendiente a “interpelar a la herencia progresista del kirchnerismo” implica, a su vez, preguntarse desde qué lugar hacerlo. Dicho de otro modo, entablar un diálogo con la militancia organizada y “ciudadana”, con su base electoral, retomar los núcleos de buen sentido que, hoy, están organizados bajo la referencia de CFK, no implica disolverse en aquello que pretendemos interpelar. No se trata de construir una identidad autorreferencial, de ser “ombliguistas”, simplemente comprender que existe una correlación de fuerzas que condiciona el diálogo con un actor político que nos excede por mucho en términos cuantitativos y con quienes tenemos diferencias estratégicas de fondo, pese a todo. Sin estas advertencias, corremos el riesgo de diluirnos en una identidad política ajena.

En este sentido, haciendo uso de las palabras de un compañero, el aporte que la izquierda popular puede hacer a la construcción de una alternativa que retome la mejor herencia del kirchnerismo, superándolo, es más cualitativa que cuantitativa: tiene que ver con la capacidad de aportar un proyecto político claro, ante el siempre difuso “modelo”. Un proyecto emancipador anclado en una construcción política basada en la militancia de base, en el poder popular y la democracia interna, lejos del verticalismo que caracteriza a los aparatos políticos tradicionales sobre los que el kirchnerismo se recostó, lo cual supuso limitaciones a sus iniciativas más profundas. Esto no podemos hacerlo solos: la primera tarea es reorganizar a la izquierda popular, conformando un espacio político lo más amplio y sólido posible desde el cual estemos en mejores condiciones para dialogar con el kirchnerismo. Esta propuesta no es originalidad de quien escribe ni mucho menos, sino que existe tendencialmente en la realidad, con potencialidades que aún están por verse. En CABA, por citar un ejemplo,un conjunto de organizaciones que se referencian en la izquierda popular hicieron un llamamiento en este sentido de cara a las próximas elecciones. Esta propuesta, que no prosperó en CABA, sí parece haber tomado cuerpo en La Plata, donde el armado de VAMOS integra un arco de organizaciones de la izquierda popular, junto con organizaciones kirchneristas, en una experiencia que habrá que desarrollar para explorar sus potencialidades. Podrá decirse que es una posición conservadora, pero bien vale la pena el esfuerzo por conservar la posibilidad misma de construir un espacio político que tiene un aporte para hacer en función de la construcción del socialismo en nuestro país.

 

La pregunta del millón: ¿qué hacer?

Por Marina Schiffrin y Marina Moretti

Hace 25 años, quienes militábamos en distintos espacios del campo popular, intentábamos contestar de mil maneras el discurso sobre el “fin de la historia”, que no era nada más y nada menos que ponerle fecha de extinción a las grandes gestas anticapitalistas y anticolonialistas que habían atravesado el siglo XX. Después de más de dos décadas, vuelven los metarrelatos, esta vez pronosticando el “fin de ciclo”, en un intento deliberado por enajenar a las mayorías sociales de sus logros y avances representados también en diversos gobiernos de corte progresista o revolucionario en Nuestra América.

¿Pero cuál es el “ciclo” al que quieren darle fin? Lo hemos dicho en estas páginas en reiteradas ocasiones: por más de diez años el continente latinoamericano fue protagonista del período con mayor grado de autonomía y de construcción de soberanía. Sin duda, se trata de procesos diferentes, algunos más radicales que otros, pero que han tendido a una convergencia entre sí. Este recorrido estuvo marcado por un poderoso ascenso político de las clases sociales y fuerzas populares asumiendo –en mayor o menor medida– el poder del Estado y llevando adelante transformaciones que tuvieron sus características marcadas en la ampliación de la democracia, la redistribución de la riqueza y la ampliación de la igualdad social, un mayor rol del Estado en la gestión de la economía y la búsqueda de una política externa continental latinoamericana y progresista.

Sin duda, la década ha tenido fragilidades y, adentrándonos en un balance concreto, también errores, que explican por qué en algunos países decisivos del continente hay un regreso de los sectores conservadores y de derecha y, en otros, una amenaza de que esto suceda. Ahora bien, la crítica y la autocrítica no sirven de nada si es un mero ejercicio intelectual; debe ser práctica, ser útil para la acción y ser eficaz para el momento defensivo, de resistencia y de reorganización del campo popular.

Desafíos de la izquierda popular ante el cambio de etapa

PATRIA GRANDE asumió una actualización de su política ante este cambio de etapa, sin embargo el debate sigue siendo qué hacer con el kirchnerismo. Y la discusión, si bien se arrastra, recrudece cuando salimos de las formulaciones genéricas y se lleva a la práctica un frente electoral en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No es casual. Si bien la derrota del neoliberalismo en el poder es el principal ordenador colectivo, provoca interrogantes respecto de cómo hacerlo en aras de construir una alternativa.

En su momento, ante el balotaje, dijimos “no nos da lo mismo”. Con más razón hoy no da lo mismo con qué actores políticos articular ante un gobierno que está arrasando nuestros derechos.

Por esto, la crítica por izquierda al kirchnerismo no se puede hacer de la misma manera cuando fue gobierno que en la actual etapa política, cuando las demandas populares son asimiladas al “kirchnerismo” por los grupos de poder y los medios de comunicación.

Todos los interrogantes que nos hacemos son legítimos y ayudan a pensar en profundidad lo que estamos emprendiendo, como los que plantean en el suplemento de Cambio n° 64 en la nota “Coyuntura electoral y cambio de etapa: las tareas de una izquierda popular”, pero las conclusiones que ensayan no siempre son satisfactorias. A nuestro entender, sin poner en tela de juicio sus intenciones, las opciones por las que optan terminar por aportar a una lógica auto constructiva, que no percibe los movimientos más profundos en el campo popular que coadyuven a frenar esta ofensiva y construir una nueva alternativa.

En sus interrogantes se debaten entre “empujar” al kirchnerismo a posiciones más radicales o el despliegue de una “fuerza emergente” que sea interlocutora de sus bases y construcciones. Claramente, optan por esta última hipótesis. Sin embargo, podríamos decir que es una falsa disyuntiva, ya que la variable que no se desarrolla es justamente que una “fuerza emergente” en esta nueva etapa implica al kirchnerismo y a las fuerzas progresistas y de izquierda que asuman este desafío. Esto es así porque ese espacio, en plena reconfiguración, sigue teniendo amplia vigencia en los sectores populares y en la figura de Cristina Fernández de Kirchner como la expresión de un liderazgo que puede poner un freno al neoliberalismo y empujar los anhelos de redistribución de la riqueza, justicia social y empoderamiento del pueblo.

Mientras en Argentina no haya una crisis de representación política, algo que pareciera estar por fuera de lo previsible, su liderazgo tiene que ser apoyado en tanto exprese una alternativa de poder anti-neoliberal.

AHORA Buenos Aires en Unidad Porteña

Se trata de la puesta en práctica de un frente anti-neoliberal que vemos como la más genuina expresión de las decisiones que tomamos desde dentro y que nos llegaban desde afuera de nuestro movimiento, cuando asumimos que era vital ponerle un freno al neoliberalismo en las calles pero también en las urnas.

En CABA, se trató de llevar adelante nuestras decisiones para formular una política frentista en un contexto en el que no está Cristina como candidata, y donde el macrismo gobierna hace diez años. Si no era ésta, ¿cuál podría haber sido una propuesta superadora para enfrentar con fuerza al neoliberalismo en la Ciudad, tal como nos lo propusimos?

Entendemos que el debate prioritario tiene que ver con las posiciones que rechazan cualquier alianza con fuerzas que se inscriben dentro del PJ. A nuestro modo de ver, se trata de una posición que tiene la falencia de prescindir de un análisis concreto del contexto actual. Así como sería equivocado tomar una misma decisión sobre el PJ a nivel nacional, sin considerar qué expresan sus fuerzas en cada distrito, es igualmente un error no dar una disputa y construir marcos de alianzas allí donde sea posible desde la izquierda popular.

La izquierda popular va a constituirse en un proyecto transformador si logra superar los límites de las izquierdas precedentes, en el sentido de su falta de perspectiva para articular una propuesta convergente con diversas expresiones del campo popular.

¿Qué hacer entonces de acá hasta octubre en esta querida Argentina que debate Macri sí o Macri no? Hay que encontrar la manera de torcerle el brazo a la derecha. Con el kirchnerismo no alcanza, pero sin el kirchnerismo no podemos hacerlo. Afrontemos nuestros propios dogmatismos y encaremos los desafíos de la mezcla y la invención del siglo XXI, porque Macri acecha. Metámonos de lleno en las propuestas electorales que hemos construido. El mejor insumo para nutrir este debate vendrá de la práctica concreta.

 

Con el macrismo en el poder, las tareas de la izquierda popular

Por Agustín Burgos

El gobierno de Macri ha representado un retroceso en términos económicos, políticos, sociales y culturales. El nivel de daño que su gestión viene significando para los trabajadores es muy agudo y, si bien se ha enfrentado con niveles de conflictividad social relativamente altos, el timón sigue firme en su dirección y promete profundizarse una vez culminado el proceso electoral de este año.

Frente a este panorama, es indispensable construir la unidad necesaria de las fuerzas populares y el pueblo trabajador para lograr frenar la política de ajuste que impulsa el gobierno. Si bien hemos construido, fundamentalmente en abril de este año, masivas movilizaciones con una impronta opositora, no se ha logrado amalgamar y condensar una oposición callejera sólida y articulada.

La tarea prioritaria de forjar una oposición unitaria al macrismo, para que rinda sus frutos, demanda, al mismo tiempo, la construcción de una alternativa que supere y trascienda los límites del ciclo anterior, para consolidar un proceso que profundice sus aspiraciones de transformación social. En el seno de las movilizaciones contra el gobierno, de hecho, se expresan sujetos con un renovado dinamismo, -el feminismo y la economía popular como los más destacados- a los que debemos prestar mucha atención y consolidar nuestra apuesta, dado que allí se visualizan elementos de un proyecto novedoso alumbrados desde la misma resistencia.

Las limitaciones de los distintos gobiernos kirchneristas no solo se enmarcaron en su declarado objetivo de consolidar un “capitalismo serio con inclusión social” sino que, además, este sector del peronismo –que articula elementos progresivos- estructuró su poder a partir de pactos y tensiones (a veces imponiendo, otras subordinado) con las fracciones más conservadores del peronismo, pilar indiscutido del proyecto neoliberal en nuestro país.

Esta vinculación orgánica, el “compromiso de espacio” que han demostrado kirchnerismo y peronismo (una convivencia que no ha sido armoniosa y sigue sin serlo hasta el día de hoy) hace que las articulaciones, coincidencias y hasta empalme con los sectores progresivos del peronismo sean una búsqueda, pero nunca un fin en sí mismo.

No es objetivo de este escrito centrarse en el balance de la experiencia pasada y los límites que este espacio ha demostrado, pero sí observar que la construcción de un proyecto de superación del ciclo previo demanda tensionar –y hasta quebrar- el vínculo entre las fracciones progresivas y conservadoras del peronismo.

En la clave que definimos orientar nuestra organización hacia la creación de un espacio de izquierda popular, entendemos que es necesario pensar nuestra intervención “a partir de lo existente” pero, fundamentalmente “más allá de lo existente”. Los datos de la realidad indican que nuestro espacio es más una latencia a veces cercana a lo concreto, otras más distante; pero asumir que la izquierda popular solo se hará lugar en el mapa político a los codazos y sin atajos es un primer paso que ayuda a pensar las tareas a mediano plazo.

En ese sentido, consideramos primordial consolidar un proyecto que está en construcción, un programa “a cielo abierto”, en diálogo con las luchas cotidianas y las resistencias nacientes que deberá enriquecerse además con nuestro humilde pero valioso acumulado. Los límites económicos de la etapa anterior y la consecuente necesidad de apropiarse de algunos resortes de la economía desde el Estado, el vínculo entre participación popular y gobierno, la articulación continental en confrontación con las relaciones unidireccionales hacia EEUU, entre otras, son pisos sociales que debemos buscar capitalizar y condensar en un programa que oficie de plafón piso desde donde construir un perfil propio y desarrollar un espacio naciente. La izquierda popular carga en su espalda la tarea de recoger las aspiraciones de un pueblo inquieto y sanamente disconforme, a la vez que busca hacerse lugar en el escenario político combinando la articulación, la polémica y la competencia con el peronismo progresista.

Nada indica que en este comienzo de etapa los sectores conservadores tengan servida la mesa a su antojo. Un mundo hostil y en crisis avizora problemas objetivos para la concreción de sus planes en el corto-mediano plazo y, sin embargo, este año y medio ha dado muestras de sobra de su capacidad de daño hacia el pueblo. Tampoco se vislumbra que el futuro se haga lugar rememorando la vuelta al pasado reciente, la ecuación no cierra ni por arriba ni por abajo. En este contexto, a pesar de las dificultades y de lo barroso de la apuesta, consideramos que lo mejor de nuestros esfuerzos deben estar puestos en parir lo que no existe, alumbrar un espacio que dé cuenta de la necesidad de construir un horizonte emancipatorio, acorde a las aspiraciones socialistas que en este joven siglo pudimos conocer en la región.

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