Teresa Rodríguez vive en cada lucha popular

Por: María Paula García | 12 de abril de 2017

Hace 20 años, el 12 de abril de 1997, un grupo de docentes se manifestaba en Cutral-Có contra los recortes salariales. Teresa Rodríguez se acercó a la protesta y murió por una bala policial. Los culpables nunca fueron identificados y quienes fueron señalados como sospechosos volvieron a la policía.

1997 fue un año de enorme conflictividad social, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. A la gran cantidad de protestas se le sumó la nueva modalidad adoptada: los cortes de ruta. Corría la segunda presidencia de Carlos Menem, en la que se comenzaban a ver, poco a poco, las consecuencias del plan económico neoliberal y sobre todo de las privatizaciones, una verdadera fábrica de generar desocupación y de acumular ganancias empresariales. Por aquel entonces no había piqueteros sino fogoneros, en alusión a que en los cortes de ruta se instaban grandes fogones. Comenzaba a ser el paisaje habitual de varias provincias.

A lo largo de todo el año hubo cientos de cortes de ruta: algunos duraron unas pocas horas, otros llegaron a sostenerse durante 15 días, como en Jujuy; algunos se dieron de manera espontánea y desorganizada; otros, como resultado de decisiones tomadas en asambleas. Las protestas eran verdaderamente populares: participaban hombres y mujeres de todas las edades, niñas y niños; trabajadores y trabajadoras; algunos fueron convocados por centrales sindicales, otros directamente por la población, vecinas y vecinos o las incipientes organizaciones de desocupadas y desocupados.

La situación puso al gobierno ante el desafío de cómo responder. Y, en todos los casos, la respuesta fue punitiva. Por un lado, se intensificó la persecución penal a luchadoras y luchadores sociales, muchos de ellos sindicalizados:  el “Informe anual de la situación de los derechos humanos en el movimiento obrero” elaborado por el Comité de Acción Jurídica (CAJ), adherido a la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), habla de más de 600 causas penales contra dirigentes, delegados y activistas sindicales, iniciadas por el sólo hecho de ejercer los legítimos derechos constitucionales de peticionar ante las autoridades, de huelga, de expresar las ideas en forma pública. Pero, además, prácticamente en todas las protestas sociales hubo represión organizada y sistemática, detenciones y golpizas a cientos de personas. En una de ellas pierde la vida la joven Teresa Rodríguez, en Cutral-Có, Neuquén.

La primera asesinada de la democracia

Abril había comenzado con todo: el 2 en el Congreso se instaló la Carpa Blanca Docente. Neuquén era un hervidero. Ya en Semana Santa la gendarmería había desalojado a docentes que protestaban sobre la ruta 22 porque el gobernador Felipe Sapag les había descontado del salario una bonificación de un 20% por zona desfavorable, además de otros beneficios. Avanzaron contra docentes, políticos opositores y hasta contra el obispo Radrizzani. Pero rápidamente creció el apoyo en Cutral-Có y Plaza Huincul, también con un corte de ruta. Al reclamo docente se agregó el de la desocupación.

El 12 de abril fueron reprimidos nuevamente y ello ocasionó una verdadera pueblada. La gente salió a las calles y los gendarmes tuvieron que replegarse. Trataron de desalojar la ruta 17, pero los cascoteaban desde las calles laterales. Alrededor de las 10 de la mañana entraron en acción unos 22 efectivos de la policía provincial y los enfrentamientos fueron cuerpo a cuerpo, piedras contra balas. Hubo muchos heridos, incluso de bala. Y un proyectil que rebotó en el piso hirió en el cuello a Teresa Rodríguez, una empleada doméstica de 24 años y madre de 3 hijos que murió poco después en el hospital de Cutral-Có. Nunca se supo si iba a trabajar, a comprar el pan o a encontrar a alguien que estaba en la protesta.

Teresa fue la primera mujer asesinada en represión desde el retorno de la democracia, aunque no el primer caso de asesinato en represión. Paradójicamente, dos años antes, también un 12 de abril pero de 1995, caía muerto en otra represión Víctor Choque, defendiendo la toma de su fábrica en Tierra del Fuego.

Carlos Corach, por entonces ministro del Interior, adujo un “rebrote subversivo” para justificar la muerte de Teresa. En el gobierno provincial no hubo renuncias: Sapag llegó a decir que el disparo pudo haber provenido de francotiradores, aunque las primeras pericias arrojaron que la bala fue una 9 milímetros, el calibre que usa la policía.

Hubo dos investigaciones, pero sin resultados. Se abrió una causa paralela para investigar el “abuso de armas” de los policías durante la represión en la ruta. Santiago Antigual, Leonardo Magallanes, Daniel Vece y Daniel Videla fueron condenados a dos años y medio de prisión en suspenso por ese delito, y otros cinco policías neuquinos fueron absueltos. Los cuatro condenados fueron reincorporados a la fuerza.

La causa fue finalmente cerrada sin que la Justicia haya determinado quién fue el autor material del asesinato.

A 20 años de su asesinato, la impunidad sigue exigiendo justicia. Los culpables no fueron presos, pero el nombre y la memoria de Teresa Rodríguez fueron preservados por toda una generación de militantes y reivindicados por diversos movimientos sociales, sindicales y organizaciones de derechos humanos.

En cada lucha popular, en cada pueblada, en cada piquete, Teresa vuelve. Y está más viva que nunca.

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