Un marzo para la historia

Por: Martín Ogando | 12 de abril de 2017

 

Diez conclusiones callejeras, surgidas de un mes extraordinario, para pensar el presente y proyectar el futuro. ¿Cómo calibrar lo que vivimos? ¿Cómo entender la respuesta del gobierno? ¿Cómo continuar?  

1- Marzo fue histórico. Por la magnitud y diversidad de sus movilizaciones estamos frente al desafío más importante que ha tenido que enfrentar el gobierno de Macri. Las jornadas de extraordinario protagonismo popular se extendieron a lo largo de exactamente un mes. Arrancaron el lunes 6 con miles de docentes inundando el Pizzurno y cerraron con una huelga general de inapelable contundencia. Decimos cierre no porque se clausure la lucha, sino porque estamos frente a un momento bisagra, clave para sacar conclusiones y proyectar el porvenir.

2- Primera conclusión. La capacidad de resistencia de nuestro pueblo se encuentra intacta. El triunfo electoral de la derecha no se ha convertido en una derrota social decisiva para los trabajadores y trabajadoras. Lo que se expresó en las calles fue una relación de fuerzas parida en la resistencia al neoliberalismo y en las rebeliones populares del nuevo siglo, consolidada durante años de recuperación de derechos y fortalecimiento de la organización popular. Se mostró viva, actuante, convertida en carne, memoria, gritos, cuerpos y pasiones de cientos de miles desbordando plazas, rutas y avenidas. El gobierno y las clases dominantes han avanzado, no hay que negarlo, pero de ninguna manera nos han derrotado.

3- Segunda conclusión. En Argentina, la política es “política de calle”, como en pocos lugares en el mundo. Si algo quedó demostrado durante marzo es que ningún sujeto político con vocación hegemónica puede prescindir de la disputa por la ocupación del espacio público. Lo mostramos nosotros y nosotras, pero también lo entendieron ellos. La falaz y posmoderna idea de que se puede construir mayorías sin entreverarse en la lucha por las calles cayó por su propio peso, perdiendo por goleada incluso al interior del propio gobierno. Siendo rigurosos, la derecha empresarial nunca resignó ese terreno. Entre el discurso falopa para la tribuna, Durán Barba y globos de colores, el triunfo electoral de Cambiemos se asentó en territorios políticos concretos, conquistados palmo a palmo contra otras estructuras, y en un desgaste del gobierno kirchnerista que tuvo a la calle como un escenario privilegiado de disputa, desde la 125 a Nisman y los caceroleros.

4- La disputa por ese terreno muestra asimetrías. El gobierno perdió por goleada la pelea numérica. Movilizar mayorías cuando se gobierna para minorías no es imposible, pero tampoco es sencillo. Requiere una ayuda de la economía, liderazgos fuertes y un sujeto popular replegado o desorganizado. Ninguna de esas condiciones se cumple por ahora. En ese marco, lo que movió el gobierno no es poco. Alcanza para mostrar que cuenta con una minoría activa nada despreciable y consolidada. Con un poquito de marketing y la distinción entre “gente común” y “choriplaneros”, buscan transformar el #1A en un espaldarazo para un gobierno que viene golpeado. Por lo pronto, nos entrega otra conclusión: en ciertas ocasiones, disputar también en el terreno menos favorable (para Macri, la calle) puede ser parte eficaz de una estrategia de acumulación global.

5- Pero la calle no se rige exclusivamente por la ley del número, sino también por la disposición de usar la fuerza con la que se cuenta. En el caso de las movilizaciones populares, la fuerza está, lógicamente, en el número, pero también en la radicalidad de los métodos y las reivindicaciones. Los de arriba cuentan con otras armas, las que portan las fuerzas de represión. En este terreno, el balance contiene sus grises. La coyuntura política y económica determina el carácter defensivo y relativamente limitado de las reivindicaciones populares. Esto no supone crítica ni menosprecio, es lo que hay que hacer aquí y ahora. Ellos atacan, nosotros defendemos. Casi todas las movilizaciones tuvieron un carácter estrictamente pacífico, y apenas la CTEP en su jornada de lucha del 15 de marzo, y algunos sectores de izquierda y del sindicalismo combativo en el marco del paro general, hicieron uso de métodos más confrontativos, como el corte de rutas o accesos. En la vereda de enfrente el gobierno radicalizó su accionar. Envalentonados por su propia base social, Macri y Bullrich han puesto la respuesta represiva a la orden del día. En este terreno, el gobierno es el que se muestra a la ofensiva y debemos ser conscientes de ello.

6- El gobierno no solo amenaza con más represión, sino que ha endurecido su discurso en diversos planos. Atrás quedó el chamuyo del diálogo, el fin de la grieta y la unidad de los argentinos, junto con sus supuestos principios republicanos. Tanto frente al contenido de los reclamos como a los métodos de protesta, el gobierno se muestra más intransigente que nunca. Esta pose de guapo tiene el respaldo de una minoría importante de la sociedad y el gobierno parece recostarse allí de manera más decidida. De todas formas, donde se expone una aparente fortaleza anida un peligro real y una potencial debilidad. El uso de la fuerza supone siempre la disputa por su legitimidad. Mientras más ofensivo es ese uso, más difícil es expandir su legitimidad y sostenerla en el tiempo. El hilo es delgado. Apalear docentes, además de un acto de cobardía, puede convertirse en un error político de magnitud. Si ampliamos el foco, el endurecimiento del gobierno muestra una actitud que, ofensiva en los palos, parece defensiva en lo político. Macri parece haber resignado vocación de mayorías, al menos por el momento. Va a las elecciones de medio término con una gran parte de la población que se siente dejada de lado por este gobierno. La respuesta oficialista parece ser consolidar una minoría propia, recostarse en los suyos y encarar con esa fuerza lo que resta del año, o al menos la espera de un escenario económico más promisorio.

Los desafíos de abril

7- Endurecer el discurso y la práctica política, fortalecer la base propia, mostrarse inflexible hacia los reclamos y buscar, incluso, asestar algunas derrotas importantes a los sectores movilizados de la clase trabajadora. El gobierno arrancó el año por este camino y terminó gestando un marzo caliente. Persistir en este choque frontal parece la opción elegida por el momento. Puede que pague sus réditos, pero supone sumergirse en un terreno resbaladizo, peligroso al extremo. El derrape desde una autoridad que se pretende fuerte al simple autoritarismo, desde la supuesta intransigencia al puro y simple desmadre, ya fue transitado por otros gobiernos en el pasado. De todas maneras, Cambiemos trabaja en dos planos y dos velocidades. Mientras se muestra duro con los docentes y habla de mafias sindicales, opera sobre gremios clave otorgando módicas concesiones; mientras estigmatiza a la militancia, reparte entre las organizaciones sociales lo imprescindible para contener las situaciones más explosivas. Ambas orientaciones solo son incompatibles si se llevan a un extremo. El macrismo las piensa complementarias. Sin embargo, no habrá fuerza propia que le alcance si sigue forjando tal cantidad y variedad de enemigos, todos al mismo tiempo, todos sin soluciones, todos ninguneados.

8- Los movimientos populares, los sindicatos y las fuerzas de oposición tenemos también nuestros dilemas, y no son pocos. El primero de ellos se vincula con la dinámica de cualquier confrontación y de las altas y bajas de la movilización. Luego de un marzo desbordante de lucha popular, es difícil pensar que abril o mayo entregarán un escenario callejero de semejante magnitud. Todo conflicto está sometido a desgaste, todo esfuerzo popular está calibrado en función de conseguir resultados. Cuando enfrente hay un gobierno intransigente, esta encrucijada se potencia. El ninguneo, la prepotencia y el obsceno discurso de clase de este gobierno puede aumentar la bronca y gestar un salto en la movilización popular, pero también puede desmoralizar y paralizar frente a la imposibilidad de conseguir aunque más no sea triunfos parciales. Las dificultades que enfrenta la enorme lucha de los y las docentes, particularmente en la provincia de Buenos Aires, es uno de los mejores ejemplos en este contexto. Para torcerle el brazo al gobierno y derrotar su programa económico, es necesario un salto en la organización, unidad y acción directa del conjunto de las fuerzas populares. Debemos conseguir victorias en batallas clave. El paro general fue un golpe contundente, pero la dirección de la CGT no planteó ningún tipo de continuidad. Está ausente la perspectiva de un plan de lucha nacional que unifique los reclamos contra el gobierno, impida el aislamiento de muchos conflictos y ayude a forjar un bloque popular contra el ajuste. Parte de las direcciones sindicales son abiertamente contrarias a esta posibilidad y esperan canjear el paro por concesiones muy limitadas en la mesa de negociaciones. Otros sectores sindicales, políticos y sociales reivindicamos aquella perspectiva, pero no tenemos la incidencia o la vocación unitaria suficiente para hacerla realidad. Una nueva Marcha Federal y un paro nacional de 48 hs colocarían un horizonte claro para articular diversos reclamos y derrotar la ofensiva neoliberal. Enfrentar despidos y suspensiones, reclamar paritarias sin techo, rechazar los aumentos de tarifas y el ataque a la educación, defender los derechos democráticos, plantarse contra la entrega de nuestros recursos, la devastación ambiental y la destrucción de las economías regionales forma parte de un conjunto de reivindicaciones capaces de articular una vasta unidad popular.

Unidad por un frente político y social

9- Las elecciones de agosto y octubre plantean desafíos para el gobierno, pero también para las organizaciones populares. Una parte de las direcciones sindicales apuestan a proyectos alejados de cualquier confrontación de fondo con el actual modelo. Tienen un largo recorrido de transacción con las estructuras tradicionales de la política y no hay margen para esperar resultados positivos de esa experiencia. Otros espacios sindicales y muchas organizaciones populares se identifican con los sectores más movilizados del kirchnerismo, con diversas variantes de la izquierda o carecen de expresiones políticas claras en el terreno electoral. Prima el pragmatismo de las direcciones sindicales y la fragmentación y falta de capacidad expansiva del resto. Es necesario que, desde la resistencia y la defensa de nuestras conquistas, forjemos una alternativa popular contra el macrismo. Es sobre la base de estas consideraciones que PATRIA GRANDE plantea la necesidad de expresar, a partir de un programa mínimo surgido de las principales luchas contra el modelo, la constitución de un frente social y político que pugne por expresar los reclamos de la calle en el terreno político electoral. Ninguna de las expresiones de la izquierda por separado podemos hacerlo. Tampoco los sectores kirchneristas abarcan el conjunto de estas experiencias, y mucho menos si terminan tributando a una mera reconstitución del FPV-PJ. Un frente político y social impulsado por los principales protagonistas de las luchas en curso e integrado por diversas expresiones políticas del campo popular sería una herramienta potente para enfrentar la ofensiva neoliberal también en el terreno electoral.

10- Vivimos momentos difíciles. De crisis, agudización de los conflictos y también de incertidumbres. Los padecimientos populares son cada día mayores y los partidos tradicionales del sistema no ofrecen respuesta. Son tiempos difíciles, pero también tiempos de responsabilidades y oportunidades para la militancia popular. Se trata de dar el paso al frente, se trata de construir salidas de fondo, de romper los esquemas y los posibilismos. La lucha de nuestro pueblo demanda atacar las injusticias, la explotación y la opresión desde la raíz. Para transformar un poco todos los días, es necesario pelear por cambiarlo todo. Ahora es cuando, marzo nos impulsa.