Escuela José Carlos Mariátegui: Un sueño en construcción

Por: Constanza Aceto y Francisco Álvarez | 02 de marzo de 2017

Recientemente, concluimos con el quinto curso de Teoría Política de la Escuela de Formación José Carlos Mariátegui (EJCM). Compartimos una serie de reflexiones, logradas a partir de cinco años de una singular experiencia de formación política a nivel continental.

 

Advertencia: No es un decantado frío, sin vida en un medio calmo, aún retumban los ecos de los bombos  y los gritos de orden de la Mariátegui que nos alientan a continuar caminando juntos.

Renovamos, por aquellos días, nuestras convicciones, nuestra mística y compromiso de seguir luchando contra el capital, el patriarcado y sus derivadas formas de opresión. Reavivamos, junto a distintas experiencias militantes de Nuestra América, nuestras conciencias al verificar en la práctica que la formación es una necesidad y una prioridad de todos y todas los que anhelamos cambiar el mundo. Fue del 20 de enero al 2 de febrero. Compañeros y compañeras de Brasil, Argentina, Paraguay, Chile, Cuba y Colombia leímos, debatimos y reflexionamos sobre las revoluciones de nuestro continente, sobre el marxismo en Nuestra América, hicimos análisis geopolíticos, nos encontramos con nuestros cuerpos, nos apropiamos del feminismo popular.

De nuestras prácticas sabemos que las luchas son escuelas permanentes de formación, pero que si reflexionamos sobre y desde ellas estaremos construyendo una praxis transformadora de lo real y de nosotros mismos. Aprendemos a extraer de los errores, aciertos y contradicciones de los distintos procesos de lucha los elementos del pensamiento crítico con los cuales cuestionar el sistema y elevar nuestro nivel de conciencia para transformarlo desde nuestra práctica militante. La lucha política, la lucha de clases cumple su rol concreto transformador de la realidad objetiva y las conciencias o subjetividades de quienes se envuelven en ellas, pero lo hace a medias si no se realiza el esfuerzo de unir la práctica a la teoría, a la reflexión, al estudio.

La escuela significó un punto de partida. En primer lugar, porque condensa experiencias históricas previas de formación. En segundo lugar, porque se abrieron nuevos horizontes en el plano de la formación y articulación de diversos movimientos sociales de Nuestra América inscriptos en el espacio de articulación continental del ALBA de los Movimientos.

La culminación del quinto curso latinoamericano de la EJCM representa un punto en la trayectoria de formación de los movimientos y organizaciones que participamos. Este año se llamó “Fidel Castro”, como homenaje a su vida, por la inspiración que dejó su legado a estas generaciones de luchadores, por su praxis militante.

La formación es elemento esencial para construirnos como sujetos conscientes y capaces de iniciativa creadora junto a la auto-actividad de las masas en el proceso de construcción del poder popular. Formar con sentido revolucionario no es repartir tareas solamente, sino animarnos a pensar como dirigentes, como clase dirigente moral e intelectualmente superior a la clase burguesa dominante. Formar y formarnos, es desafiarnos a romper con los obstáculos de nuestra conciencia permeada por los típicos procesos contemporáneos alienantes que afrontamos. Es un intento por romper con el conservadurismo impuesto por el pensamiento burgués que sigue sosteniendo –a costa de sacrificar el futuro de la especie humana misma– la explotación del hombre por el hombre, la propiedad privada, el Estado y la familia monogámica.

Una formación internacionalista

Hay señales de que Nuestra América es un territorio de rebeldías, de resistencias al capital y al patriarcado, al extractivismo depredador de la naturaleza en manos de las corporaciones mineras y del agronegocio, a la amenaza constante del imperialismo. Hay revoluciones en curso en Cuba, Venezuela y Bolivia, con sus contradicciones, pero que nos obligan a pensar actuando en sintonía para contribuir en la construcción del poder popular, del socialismo desde abajo (y hacia arriba) y aprender de dichos procesos las enseñanzas de las experiencias concretas de nuestros pueblos. Para eso sirve el internacionalismo, para nutrirnos a través del compartir luchas, esperanzas y sufrimientos, la solidaridad de clase expresada en hechos concretos de cooperación y reciprocidad.

Por eso nos animamos a que el sueño en construcción de nuestra escuela sea compartido y vivenciado junto a organizaciones hermanas de Nuestra América. Debemos siempre cuidar que se mantenga el perfil internacionalista de ella, sobre todo por lo enriquecedor que es en la formación contar con experiencias varias y de variados países.

Tras la inauguración de la Escuela José Carlos Mariátegui en febrero de 2013, se nos abrieron nuevas perspectivas a las que ya veníamos recorriendo.  La escuela es un proyecto que trascendió nuestros límites, ya le pertenece a la clase trabajadora de Nuestra América, porque fue hecha con la participación de compañeros y compañeras de todas las organizaciones presentes en los cinco años de curso y será de los próximos.