Venezuela roja, rojita

Por: Brigada “Eva Perón”, desde Caracas | 25 de octubre de 2017

Pasaron las elecciones de gobernación y los números que nos dejan son contundentes. El triunfo del chavismo es difícil de negar hasta para la propia oposición venezolana que tradicionalmente grita “fraude”.

Los candidatos y candidatas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ganaron finalmente 18 de 23 gobernaciones, al obtener, en total, el 54% de los votos a nivel nacional. La participación fue alta: votó el 61,14% del padrón –siete puntos más que en las elecciones de 2012– en un país donde las elecciones no son obligatorias.

El pueblo venezolano demostró, una vez más, su conciencia democrática y optó mayoritariamente por la continuidad del proceso bolivariano. Es necesario resaltar y analizar esta victoria porque se da en momentos muy difíciles para el país, en el que el asedio mediático, económico, político y diplomático impulsado principalmente por el imperialismo norteamericano y la derecha local ha afectado fuertemente las condiciones de vida de los venezolanos y las venezolanas. Además, estamos en tiempos de arremetida conservadora en el continente, en el que las expresiones progresistas, nacionales y populares han retrocedido. Frente a todo esto, el chavismo demuestra que goza de vitalidad.

Hay una cuestión que es especial en Venezuela, lugar donde más se ha radicalizado el proceso de transformación, sin la cual no serían entendible los resultados: el legado de Chávez está profundamente arraigado en la gente, constituye las raíces del subsuelo de esta patria, raíces que no les son fáciles de arrancar ni siquiera para el imperio capitalista más devastador como es el de los EEUU. Una vez más, hay que decir que subestimaron el chavismo, subestimaron el bravo pueblo.

Claves de la victoria

La victoria del domingo ratifica lo acertado de la Constituyente. Esta creó las condiciones políticas y de clima social para que el chavismo retome la iniciativa al encauzar el conflicto por vías políticas. Logró desactivar la oleada de violencia producida por la estrategia destituyente de la oposición venezolana. La confusión y el descrédito recayó sobre el liderazgo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y las tensiones se agudizaron a su interior entre la tendencia más radical de corte insurreccional y aquella pragmática que se volcó a la disputa electoral.

Estos elementos minaron la capacidad de la derecha venezolana para movilizar su base electoral, al registrarse un crecimiento de la abstención en zonas de ingresos altos y medios donde reside la mayor parte de sus simpatizantes.

El endurecimiento de la postura de los EEUU hizo que el elemento antiimperialista del discurso oficial se volviera más tangible. Las repetidas apariciones de referentes de la oposición en Washington hicieron que fuera fácil identificar a la MUD como un intermediario con una agenda subordinada a la iniciativa e intereses de actores externos.

Frente a la fragmentación de la oposición, el chavismo contó con un accionar y un liderazgo cohesionado, que logró enfocar el esfuerzo de todos sus sectores. Es imposible entender el chavismo como fenómeno social, cultural e identitario sin integrar en cualquier análisis su reivindicación histórica y simbólica de sectores por largo tiempo negados y marginados de la política, algo que aún hoy es ajeno a la oposición.

Dos distritos grafican esta situación por su relevancia. Primero, con la victoria de Héctor Rodríguez en Miranda ante el candidato de Capriles, el gobierno reasume el control de toda la Gran Caracas. Parte de la nueva generación de referentes del chavismo, Rodríguez hizo énfasis en la autocrítica y la necesidad de renovación, algo que sin duda tuvo recepción en la población.

Por otro lado, con la victoria en el estado Lara se ha impedido a Henri Falcón aspirar a un tercer mandato como gobernador. Esto ha supuesto un duro golpe para la carrera política de dos posibles presidenciables. También da cuenta de la crisis en que se ha sumido la clase política opositora, imposibilitada de consolidar nuevas figuras.

El gran ganador de la interna opositora ha sido Acción Democrática (AD), al adjudicarse 4 de las 5 gobernaciones ganadas por la MUD. Representativa de la vieja política, AD ha vuelto a posicionarse como vocera y representante de la MUD en las próximas rondas de disputas y negociaciones con el gobierno.

Desafíos luego de las elecciones de gobernación

No todo se presta para el triunfalismo. Con el escenario político estabilizado, y ahora que el chavismo ha reconstruido su caudal político, las expectativas de la sociedad venezolana están puestas en la muy necesaria y urgente estabilización económica. Se requieren respuestas y estrategias contundentes y concisas que ataquen los principales temas de la agenda pública: corrupción, inflación, abastecimiento, cuestiones ya reconocidas por el gobierno. La pregunta será qué iniciativas podrán ejecutarse que, al mismo tiempo que resuelvan los problemas de la gente, profundicen el proceso de empoderamiento popular y transformaciones de la revolución.

El segundo elemento que reclama atención está en tres de los distritos ganados por la oposición: Zulia, Táchira y Mérida, parte de la llamada Media Luna situada sobre la frontera con Colombia. Su lugar como nudos de las principales rutas de abastecimiento y reservas energéticas les da una importancia estratégica en cualquier plan de desestabilización del país. Frentes de gran actividad del contrabando y el paramilitarismo colombiano, su paso a manos de la oposición implicará una enorme prueba a sortear para el gobierno y el conjunto de fuerzas populares.

Los desafíos que quedan después de las elecciones son grandes y tienen que ver con la necesidad de llevar adelante políticas que puedan enfrentar la situación económica. Como plantea en su comunicado la organización hermana CRBZ, es hora de la lealtad con el pueblo.  A la vez, este escenario pos-electoral y de fortalecimiento del poder político para el chavismo es una oportunidad para rectificar y reimpulsar el proceso revolucionario.

Será clave combatir los problemas internos, como la corrupción, que han generado tanto desgaste, y reforzar la orientación estratégica ya marcada por Chávez en su conocido “Golpe de Timón” en relación a la construcción comunal y del poder popular.

Temas de la nota: