“Verdurazo” en Jujuy

Por: Marcos Lede Mendoza | 19 de julio de 2017

Jujuy no sólo es noticia por los escándalos que mantienen presa a Milagro Sala. Diez días atrás, una multitud de campesinos y campesinas irrumpieron en la Plaza Belgrano de San Salvador, capital de la provincia, cuyo gobernador se ha encargado de barrer con cualquier símbolo y consigna aclamada por los sectores populares.

En San Salvador de JuJuy, campesinos y campesinas se manifestaron el 6 de julio pasado bajo una modalidad poco conocida pero que se repite en distintos puntos del país desde hace unos meses y va camino a ser recordada por los libros de historia: el “verdurazo”. Esta manifestación pacífica intenta mostrar que, dentro del punteo interminable de propuestas de campaña que Mauricio Macri no cumplió, el “fortalecer las economías regionales” no es más que una frase linda y correcta, repetida cientos de miles de veces.

El campesinado andino regaló al pueblo jujeño siete toneladas de verdura traídas de diferentes puntos de la provincia, desde donde también se acercaron miles de compatriotas a recibir los bolsones de alimentos. “Los productores no tenemos agua de red, los alquileres del arrendamiento son altísimos y el negocio está hecho para los intermediarios”, remarcaron desde el Movimiento de Trabajadores Excluidos y otras organizaciones convocantes y reclamaron al Estado que compre la verdura directamente a los productores: “se ahorraría dinero y venderíamos a un precio más justo”, agregaron.

En Jujuy se paga aproximadamente 30 mil pesos por año la hectárea, es decir, tres mil pesos por mes una porción de tierra para cultivar. Por otro lado, tampoco se regula la intermediación, esto es, un tipo que va en su camión particular a una quinta y se lleva cientos de kilos de verdura y paga, en el caso del tomate, entre $40 y $60 el cajón de 20 kilos. El precio es injusto, desde ya, porque el costo de producción del tomate va de $90 a $100 y, en las verdulerías, el precio por kilo equivale a medio cajón comprado al productor.

Ante la ausencia estatal, las familias campesinas propusieron los siguientes puntos:

-Que el Estado regule un precio de alquiler mediante una Ley de Arrendamiento Rural.

-Créditos blandos para los pequeños productores que, al no estar formalizados, acuden a cuevas financieras donde les establecen una tasa de interés de hasta un 80%. Si accedieran a un crédito blando, los campesinos y campesinas podrían poner en marcha la reactivación de la producción de la temporada primavera-verano y comprar semillas, fertilizantes y alguna que otra herramienta.

-Considerando la crisis y la recesión, que el Estado colabore para que los pequeños productores y productoras puedan comercializar su producción a precios justos y sin intermediarios.

-Ley de Acceso a la Tierra que mejore la calidad de vida y les permita a las familias productoras trabajar en condiciones productivas más estables. A grandes rasgos, podría hablarse de un PROCREAR para familias quinteras, que les permita comprar una o dos hectáreas de tierra sin tener que aceptar, como única opción posible, alquileres altísimos en zonas donde ni siquiera pueden construir más allá de una casilla de madera y nailon.

De Ushuaia a La Quiaca

Lo que sucede en Jujuy se repite en distintas economías regionales en donde la ausencia de políticas para los pequeños productores y productoras hace estragos. Pasa en el cordón hortícola de La Plata, Florencio Varela y Berazategui (el más grande e importante del país), en el sur de la Provincia de Buenos Aires con el precio de la cebolla, en Río Negro con la manzana y en Misiones con la yerba. ¿El resultado? Las familias productoras se funden y abandonan la actividad en busca de otro trabajo, si lo consiguen. Abandonan una actividad que se trata, nada más y nada menos, que de la producción de alimentos para el pueblo argentino.

Decíamos al principio que con el “verdurazo” se intenta visibilizar esta problemática por demás injusta que se repite de sur a norte del país. Los campesinos, antes de tirar la verdura, o venderle a los intermediarios que los perjudican agregando valor al producto de manera escandalosa, se la comparten al pueblo. Por eso, el “verdurazo” será recordado por futuras generaciones como muestra de grandeza y dignidad de quienes están en el subsuelo de nuestra Patria, y no quienes tiraban leche en las banquinas para que no les cobren un impuesto a sus exportaciones dolarizadas.

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