Zamboni: “Nos van a quitar lo que dejemos que nos quiten”

Por: Sebastián Tafuro y Micaela Difalcis | 08 de noviembre de 2017

Carlos Zamboni es un abogado laboralista vinculado estrechamente a la Federación de Trabajadores Aceiteros. Cambio conversó con él para conocer su opinión sobre las transformaciones que promueve la reforma laboral y la actitud del movimiento obrero frente a ella.   

Cambio: ¿Cuál es tu opinión respecto del borrador del proyecto de reforma laboral del gobierno de Cambiemos?

Carlos Zamboni: En términos generales, deja de lado todas las perspectivas de que fuera una reforma sector por sector, como habían prometido al triunvirato de la CGT. Es una reforma completa que impacta directamente sobre las legislaciones del trabajo. Ningún gobierno hasta la fecha se había animado a lanzar una reforma que atrasara tanto en materia de derechos laborales. En los propios objetivos se utilizan términos que nos remontan a Martínez de Hoz. Es una reforma con esa línea de pensamiento ideológico. Y otra parte importante son todas las excusas que van desde la generación de empleo hasta el “perdón” a los empleadores que tienen empleados no registrados en el mercado formal. Pero va mucho más allá de eso.

C: ¿Vos pensás que el gobierno tiene margen para que el proyecto se apruebe así tal cual está? ¿O podría llegar a haber algunas discusiones y modificaciones en el Parlamento?

CZ: No sé. Me gustaría pensar que se van a dar discusiones y que se van a hacer modificaciones. Lo que sé es que la CGT está discutiendo y analizando el borrador en términos generales. Pero no la está combatiendo. Hay un rechazo formal pero no hay medidas concretas. Lo cual quiere decir que, en el mejor de los casos, se pueden hacer algunas modificaciones. Yo creo que tal como está no se va a aprobar, pero no lo sé. Así como la presenta el borrador, destruye todo. Para tener claro cómo puede impactar en un trabajador: abarata los despidos, es decir, ya no se consideran las horas extra, los aguinaldos, los premios, los adicionales para el cálculo de la indemnización (ya de por sí, actualmente, en la mayoría de los convenios colectivos de trabajo los básicos son bajos y es el número que se va a tomar para las indemnizaciones). Inclusive, permite que los despidos tengan costo cero por un programa de financiación, lo que significa que para los empleadores ya no sería una variable a considerar el “gasto” de despedir a un empleador porque con esta reforma pasaría a ser muy bajo o, de hecho, nulo. Por otro lado, habilita a que los trabajadores renuncien a los beneficios individuales. También otorga luz verde a la terciarización, lo que impacta directamente en las horas extra. O sea, es un combo: te despiden sin costo o muy barato y te reemplazan por un trabajador tercerizado que cobra en otro convenio colectivo un salario mucho más bajo. Y si no te despiden, te amenazan con eso. Dentro de las fábricas y los comercios esto puede generar un cambio rotundo en las relaciones de trabajo. Y también genera una situación delicada para los trabajadores autónomos: los monotributistas que facturan a una persona en menos del 80% no podrán generar un contrato de trabajo.

C: ¿Cuál creés que sería la mejor estrategia del movimiento obrero en este momento?

CZ: Lamentablemente, no está sucediendo lo que a uno le gustaría. Sobre todo, respecto de las centrales. Hay un rechazo general pero no se está utilizando la herramienta de movilización o huelga para luchar contra medidas tan ofensivas para los trabajadores. Venimos de un año que implicó una fuerte movilización para el 1° de mayo y, luego, dos o tres paros muy contundentes. Ahora pasamos a ir a una oficina en el Ministerio con la cola entre las patas a ver qué podemos salvar. Y el problema es, también, que tampoco hay sindicatos que estén peleando por su cuenta, más allá de algunos anuncios que fueron haciendo algunas corrientes sindicales. Tienen un discurso muy bueno pero, a la hora de la verdad, la relación capital-trabajo se resuelve en cada fábrica, en la lucha de clases. Y hoy, lamentablemente, eso no se ve. Si tuviéramos 15 o 20 sindicatos parando, la CGT se vería presionada también.

C: El gobierno, actualmente, recurre mucho al discurso de que la CGT está inactiva porque sus dirigentes están todos en situaciones “complicadas” y quieren cuidarse de la persecución judicial. ¿Cómo se llega a esta situación del sindicalismo argentino y cómo se sale?

CZ: A eso se llega después de muchos años de sindicalismo empresario. Sin embargo, el sindicalismo argentino es fuerte y su base son los trabajadores de a pie. Necesitamos una renovación de la dirigencia pero tampoco es que si cambian los nombres cambia la situación. Hay una cuestión ideológica de fondo. Los que se embanderan detrás de la letra “k” han dejado muchos años de lado el rol de ser un grupo de presión, de hacer sindicalismo en los lugares de trabajo que es lo que, históricamente, caracterizó como poderoso al sindicalismo argentino. Entonces hoy escuchás “a este gobierno no se le puede hacer un paro porque la gente lo votó”. Cuando dejaste de ser un sujeto que hace daño al capital y te dedicás exclusivamente a la política partidaria, estas son las consecuencias. Son las reglas del juego. Por otro lado, gran parte de esa dirigencia no quiere ser responsable de un avance sobre los gobiernos, en términos de análisis histórico. La conclusión de eso es que no deberíamos haber hecho nada frente al Rodrigazo, y no me parece. Pero sí es cierto que esa línea de pensamiento existe en muchos dirigentes, incluso en históricos dirigentes de la CTA. En el fondo no creen en la lucha de clases. Desvían su fuerza hacia las cuestiones partidarias, como si la única forma histórica de modificar una situación como ésta sea hacer rosca cada dos años para tener un diputado más o un diputado menos. De lo que no tengo ninguna duda es que si los trabajadores salen a la calle junto con las centrales, esta reforma no avanza. Por más que les den los votos en el Congreso.

C: Es claro que no son solo esos dirigentes sino que es un discurso que se utiliza para avanzar sobre los trabajadores.

CZ: El discurso es muy derrotista pero si en Latinoamérica hay un movimiento obrero organizado con posibilidades de frenar esta reforma laboral es el argentino. Tenemos que focalizar en cómo transformamos estas posibilidades en un enfrentamiento general que nos permita pararnos mejor frente a este proyecto de reforma laboral. Más allá de lo que puedan acordar las centrales, más allá de lo que pase en el Congreso, lo que importa es qué pasa en las fábricas, en los establecimientos. Y yo sí creo que el movimiento obrero argentino está más fuerte que 15 años atrás. Hemos recuperado la memoria y ciertos niveles de vida. Y eso no se lo debemos a ningún gobierno de turno. Los trabajadores se han organizado, han hecho huelgas, han negociado paritarias. Por supuesto que durante el kirchnerismo hubo condiciones para hacerlo, pero nadie les regaló nada. Entonces, no va ser fácil, por más que se aprueben leyes, llevar a las práctica estas situaciones. Nos van a quitar lo que dejemos que nos quiten.